BASADO EN SUEÑOS REALES.

viernes, 31 de agosto de 2012

Capítulo 1 · Parte 1


Capítulo 1 – Lluvia.
·         Mery.
Nunca me es fácil comenzar a narrar esta historia. Desde el principio, tenía sueños e ilusiones, y todos ellos me llevaban a subirme al escenario. Mi voz era sin duda el mayor regalo que dios me pudo hacer, y en ocasiones pienso que el único. Pero cada noche, una parte de mi pensaba en el fracaso, en la continua desesperación por no haberme movido ni un paso en estos 15 años, sabiendo que si ahora no comenzaba jamás podría lograr mis objetivos.
Hoy empezaba mi nuevo curso, 1º de bachillerato. No podía presumir de instituto. Era ciertamente viejo y un poco ruinoso, y peor eran sus alumnos. En cada esquina podías oír un murmullo que te hacia más desgraciado e infeliz. Pero justo en esos momentos es cuando una voz en mi interior me dice que siga, que nada me podía derrumbar… Era su voz, una voz que echaba de menos, pero aun así le oía. Era Septiembre, pero mis lágrimas parecían atraer la lluvia.
Mery - La Lluvia. (María Villalón) /2min./
NOTA: Cuando pongo el nombre de un personaje junto a la canción (y su artista) significa que comienza a cantarla, pues a pesar de ser una historia está pensada para un guión audiovisual.

Y ahí estaba Ángel, con su típica sonrisa burlona y su cara de malote sin escrúpulos. Pero quizás fuera el único amigo que me quedaba. Después de haber hecho todo lo que hice, es normal que nadie quisiera acercarse a diez metros mía. Ángel en cambio nunca había dejado de hablarme, fue la única persona que estuvo a mi lado en los malos momentos, la única que no escuchó las malas lenguas.
-          ¿Ya estás pensando otra vez en él? – se acercó y me preguntó.
-          No he dejado de pensar en él ni un solo segundo de todo este verano.
-          Pero ya pasó todo… - suspiró – Debes de olvidarlo, ya es pasado.
-          ¿Pasado? – le grité – Si aún todos me miran con cara de asco, como si fuera una rata de alcantarilla.
-          María, es normal. Una no va todos los días…
-          Calla, no sigas. Prefiero no recordarlo.
-          Además, que sabes que solo la verdad la sabes tú, el resto son simple rumores.
-          Pero aun así todo me trae recuerdos…
-          Anda, cógeme del brazo y entra conmigo, que nos deben estar esperando en clase.


·         Chari
Que alegría me daba verles a todos de nuevos. Ana, Belén, Rocío, todas ellas y los chicos de mi clase, Juan, Ángel, Carlos… Bueno, quizás ver a María no me hacía tanta gracia, pero no iba a dejar de respetarla por unos rumores. 1º de bachillerato, que fuerte era por favor. Parecía que no iba a llegar aquí nunca, y aquí estaba. Ciertamente tenía miedo, era todo mucho más complicado, iba a poder salir menos, y claro, las responsabilidades subían como la espuma. Pero bueno, como cada año iba a pasármelo bien. Vaya, había muchas caras conocidas pero otras tantas eran completamente nuevas para mí.
Especialmente me llamó la atención un chico que se sentaba en primera fila… No había hablado con nadie desde que había entrado, ni se había molestado en presentarse. Era agradable hablar con mis amigas, pero aquel chico me revolvía las tripas, tenía que acercarme a saludarle.
-          Hola buenas – le di dos besos, un poco descarada sí -. Yo soy Chari, encantada, ¿Cómo te llamas?
-          Soy Axel – dijo, frío, ni siquiera se molestó en mirarme.
-          Ah bien, y de donde eres chico misterio.
-          Vengo de fuera…
-          Está bien… - menudo chico, que pocas ganas -.
Las chicas se estaban riendo, la verdad es que yo también estaba por dejar escapar una sonrisa. Que pelo más raro, llevaba dos rastas, teñidas de rojo a cada lado, debajo de las orejas, y en ellas unos… ¿anillos? No lo sé, pero era tan intrigante. Habría seguido preguntándole, pero nuestra nueva tutora entró a presentarse. A saber que nos había tocado este año.

·         Lara
-          Para empezar, mi nombre es Lara y voy a ser vuestra tutora este año – empecé a decirles.
Era una suerte, hace un mes me llamaron informándome de la jubilación del profesor de música del instituto y me contrataron de chiripa. Llevaba un mes echa un flan, al fin había acabado la carrera y me habían dado el trabajo de mi vida, todo en este año, era genial. Pero ahora estaba sola ante ellos y no sabía ni por donde empezar.
-          Bueno, quiero deciros que soy también la nueva profesora de Música, así que os trataré más a los que hayáis escogido artes. Y bueno nada, que en esta hora me gustaría que hablaseis un poco de vosotros, quiero iros conociendo.
Así, todos se presentaron uno a uno, algunos más que otros, otros solo quisieron decir sus nombres y tres cosas que les saque a regañadientes, y otros simplemente no dejaban de hablar. Eran buenos chicos, aunque supongo que tenían sus historias y demás, tampoco me gustaba meterme en la vida privada de nadie.
Ya acabó la presentación, los chicos salieron poco a poco. Cuando todos se fueron, me pregunté que hacía allí, si era mi lugar en realidad, pero la idea del “no” no llegaba a mi mente. Recogí las fichas y los libros, pensaba largarme a casa pero alguien me agarró por la espalda. Me giré, sobresaltada.
-          ¿Quién eres? – dije asustada.
-          ¡Ja, ja, ja! Estas como un flan, pequeña – dijo.
-          ¿Eres un profesor?...
-          Me llamo Guillermo, soy el profesor de inglés de tu curso, encantado.
Sus ojos azules eran tan cristalinos como el mar, y su pelo, marrón y claro, corto, rizado, parecían ramas de árboles giradas en si mismas. Su cara delgada y morena y su sonrisa picaresca decía mucho de él.
-          Yo soy Lara – le di dos besos -. Ahora tengo que irme.
-          ¡Espera! – corrió hasta ponerse delante de mía, me choqué – Deja que te invite a un café.
-          ¿Café? Pero si es mediodía.
-          Entonces a comer.
-          Lo siento, tengo prisa – me coloqué bien el bolso y salí del instituto dejándolo atrás.
-          Bueno, entonces ya mañana… - pero su voz se desvaneció.
Tenía un poco de pánico, una invitación de un chico para comer, y nada más conocerle… No estaba acostumbrada a salir con chicos, y mucho menos así. ¿Qué habría visto en mí?

·         Iván
Como no, el primer día de clase y me quedé dormido. Tenía unas ganas tremendas de verles a todos de nuevo, pero ya eran las 3 de la tarde… Esto me pasaba por dormirme a las 4 de la madrugada. Así que hoy ya los vería a todos. Tampoco he estado lejos de ellos todo el verano, pero a Rosario apenas la he visto y sinceramente, la echaba de menos con toda el alma. Cuando sonó el despertador por primera vez en todo el verano, salté de la cama y brinqué hasta el baño. Agua, jabón, espuma y ropa, y sin falta, una canción para animar la mañana.
Mis padres ya hacía rato que se habían largado, como cada amanecer. Y la música para mi era una vitamina que renovaba mis ganas de seguir. Es difícil que la gente te acepte cuando tienes gustos extraños, o cuando simplemente eres diferente del resto.
Las calles en las que vivo son viejas, siempre están sucias y duele respirar en ocasiones. Mi madre no tiene demasiado dinero, cuando vivo con ella ir al colegio es todo un suplicio, pero mi padre tiene una vida muy acomodada, y pasar con él la mitad del año es todo un lujo.
Y que puedo decir de mi instituto, es normal, tiene lo necesario, profesores buenos, compañeros soportables… No se está mal, siempre he pensado que hay gente que vive peor.
Ahora tenía que esperar a que abran… Unos días llego casi antes de que cierren y hoy ni siquiera han abierto. Sí, estoy seguro que es por la curiosidad que me trae saber quienes tengo en clase. Cada año esperaba que llegase alguien con quién pudiera compartir parte de mi, algo más que risas o simples secretos, algo más que la amistad, pero esa persona nunca llegaba. Tan solo Chari estaba a mi lado desde críos.
-          ¡Iván! – gritó Chari al verme. Salió corriendo, justo abrieron las puertas del instituto.
-          Al fin… - dije para mis adentros. Chari me embistió con un abrazo, que tornado por favor.
-          ¿Ya podías dignarte a llamar algún día del verano no crees? Y encima no vienes a la presentación, tú también… - me reprochaba, pero son su sonrisa imborrable.
-          Lo siento, he estado en Ibiza y en Grecia…
-          Pues avisa muchacho – me decía sonriente.
-          ¿Entramos? – propuse, abrazo a ella.
-          Claro, además te tengo que presentar a los nuevos.
Los pasillos empezaban a llenarse de ruidos de jóvenes, de gritos eufóricos, de recuerdos, como siempre. La clase estaba limpia, renovada como cada año, con ganas de ser estrenada. Chari entró como siempre, tarareando una cancioncilla suave. La pizarra mostraba un verde perfecto, limpio de tiza. Poco a poco todos fueron entrando, todos saludando a Chari; a mí apenas siquiera me miraban. Caras conocidas, nadie nuevo.
-          ¿Y bien? ¿Quién ha venido nuevo, Chari?
-          Hay dos chicos nuevos, con la muchacha no he hablado, sé que se llama Helena – se quedó callada unos segundos –. El otro viene por ahí.

·         Axel
Ya me estaban mirando como si fuera un bicho raro otra vez. ¿Y quién era ese? Ayer no vino. A su lado está Chari, y no parece muy social, sobre todo por sus pintas. Debe de ser un friki. ¿Y si me acercaba a hablar? No quería que tuviesen una idea equivocada de mí. No venía al instituto a tener amigos, ni siquiera a conocer a mis compañeros, no me interesaba en absoluto. Pero veía en ese chico algo distinto, que me recordaba a mí. No mucha gente me llama la atención, prácticamente nadie. Creo que iba a ser hora de presentarme. Me acerqué a ellos. Ambos estaban perplejos.
-          Soy Axel, ¿tú eres? – le tendí la mano.
-          Yo – tartamudeó, pobre -, soy Iván.
-          Hola Axel, soy Chari, ¿te acuerdas?
-          Sí, encantado de conoceros a ambos.
Me di media vuelta; justo en ese momento de tartamudeo me dejó de impresionar. Era extraño que me hubiera llamado la atención, algo tenía que ocultaba. Mis ojos no me engañan. Y por desgracia, los secretos me sacaban de quicio, demasiado. Era mi extraña obsesión. Pero a veces para conocer las verdades toca no mover ficha, si no que la muevan por ti. Al acabar la primera clase se levantó despacio. Se acercó tímidamente, ahí comprendí que lo había calado. Iván se sentó a mi lado.
-          ¿Qué tal llevas lo de ser nuevo? Has hablado ya con alguien o aún son todos muy extraños – preguntó Iván, sonrojado.
-          No he tenido oportunidad.
-          ¿Te gustaría venirte con Chari y conmigo en el descanso? – preguntó un poco indeciso, cosa que odiaba en la gente.
-          Me parece bien – dije, mintiendo con todo el descaro del mundo.
Abrió la boca, pero la cerró. No encontraba palabras supongo. Igual que vino se fue. Ya habían movido ficha, el siguiente turno era el mío.

·         Helena
¿Qué demonios? Anda que no me había tocado una clase menos interesante, había desde un friki hasta una marginada. Bueno, pero yo ya me había echo un hueco en quienes importaban, los más respetados. Lo que me hacía falta estar con mis antiguos compañeros… Pero ya Badajoz estaba lejos, y no, jamás perdonaré a mis padres que me sacasen de mi tierra. Aunque pudiese empezar de nuevo, dejé mucho atrás, mi academia, mis mejores amigas y hasta a mi novio.
Lara acababa de entrar en clase. Elegí artes por lo poco de música que dan, tan solo por el recuerdo de mis días bailando. Aún tenía que encontrar una academia. Pero en medio de mis pensamientos, Lara se interpuso. No, no había prestado atención, y no, no tenía ni idea de que demonios estábamos hablando.
-          Helena, lee.
-          En… - Dios, no podía perder tan pronto la dignidad, tenía que conservar la poca popularidad que tenía – Pues no.
-          ¿Cómo que no?
-          Que no voy a leer.
-          ¿A qué se debe? – los demás me miraban con cierto asombro, quizás admiración.
-          No me da la gana.
-          ¿Helena? – se levantó – Mira, vete a dirección y cuando se te bajen los humos vuelves.
Todo seguido, me levanté y tiré la silla. Salí furiosa de la clase, aunque claro, todo era una simple máscara. Ahora me arrepentía. Pero mis padres iban a darme un castigo lo suficiente fuerte como para no ir a baile siquiera… Me lo venía venir, como si no lo supiera.
Entre en dirección, medio llorando. Una mujer de pelos canosos y largos, claros como la cal, se sentaba mirando hacia atrás, en una silla de bajo respaldo. Según me habían dicho, se llamaba Oliva. Espero no fastidiarla…
-          ¿Oliva? – pregunté, atemorizada. No obtuve respuesta - ¿Eres Oliva? – volví a preguntar.
Cuando quise darme cuenta, dejó caer la cabeza a un lado y la volvió a subir, seguido, un ronquido. ¡Estaba dormida! Esto era buenísimo. Se me ocurrió una idea, brillante, y peligrosa, sí. Saqué el móvil, puse la cámara y…

·         Oliva
-          ¡DESPIERTA! – gritó alguien detrás de mí; menudo chillo.
Y que si desperté. Estos sustos no se podían dar ya a una mujer tan mayor como yo, me podía dar algo. Pero como no, una joven que parecía inquieta era la causante de mi malestar. Ay… Me había dormido, acababa de darme cuenta. La chica me había visto, que corte por favor.
-          Siento mucho mi pequeño lapsus… Esto que quede entre nosotras, ¿Vale? – intenté disculparme - ¿Cómo te llamas joven? – dije, educadamente, aunque con intención de hacerle la pelota.
-          Soy Helena, Lara me ha mandado castigada.
-          ¿Y eso? ¿Tengo que expulsarte?
-          Yo creo que no deberías, tan solo me he negado a leer, le he faltado el respeto a mi tutora, he gritado y he tirado una mesa.
-          Pero… - ¿cómo lo decía tan tranquila? – Eso es una falta grave, debería expulsarte aunque sea un día a tu casa.
-          ¿Segura? – sacó algo de su bolsillo – Mira esto.
Me tenía bien pillada. Había grabado 5 minutos enteros como dormía y roncaba mientras ella esperaba sentada a que me despertara, haciendo ruidos diversos, e incluso riéndose de mí. Se acercaban las elecciones a nueva dirección y podía ser el peor elemento en mi contra, además de lo vergonzoso que podía ser.
-          ¿Qué piensas hacer con eso? – pregunté bastante alarmada.
-          Por ahora, nada, si tú tampoco haces nada, ya entiendes.
Menuda niñata. Ya sabía quién era. Una de las chicas nuevas de este año, se llamaba Helena. Vaya joya había aceptado en el colegio. Tenía buenas referencias, no entiendo qué pasaba. Lo mejor era dejarlo estar, aunque recurrir al chantaje de una adolescente podría incluso traerme mayores problemas.
-          Piensa en lo que has hecho – me levanté y le abrí la puerta, cortésmente.
La acompañé hasta clase. Lara parecía adaptarse bien a sus nuevos alumnos, se les veía bastante atentos todos. Axel, el otro alumno nuevo también estaba tranquilo y atento. Sus tíos no decían grandes cosas de él, pero su historia me llegó bastante al alma, no podía rechazar que estuviera en este colegio. El sufrimiento marca la vida de todos, pero este chico parecía llevarlo con unos ojos distintos.
-          Lara, puedes salir un momento – agarré a Helena y la metí dentro de clase -. Helena ya está más tranquila, perdona su mal comportamiento, hoy ha tenido un mal día – Lara la miró con cara agresiva, amenazante, pero en verdad escondía nervios.
-          Ahora vengo, leed las páginas siguientes, y Helena ya hablaremos – salió conmigo de clase y cerró la puerta tras ella -.
-          Ya he solucionado el tema, no volverá a pasar.
Lara me miro con cara de pocos amigos. Su currículo era impresionante, pero apenas tenía experiencia, y menos con jóvenes revolucionados.  Me recuerda a mí de joven, quizás por eso la contraté, por la sincera chispa de ilusión que desprende.