BASADO EN SUEÑOS REALES.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Capítulo 1 - Parte 3


·         Helena
¿Cómo? ¿Un grupo de música? Al llegar a clase me encontré un panfleto en mi pupitre. Coloreado con rotuladores, como si fuera de un niño de 5 años, menuda propaganda. Pero, espera, era aquí en el colegio, era una actividad extraescolar. Esto me acababa de dar una idea. Justo, Lara iba hacia la sala de profesores.
-          ¡Lara, Lara! – la llamé, y repetí varias veces más hasta que se paró.
-          Helena, ¿Qué quieres? – iba con prisas.
-          Han repartido estos folletos, dicen de un grupo de música en el colegio, que es una iniciativa nueva – puse ojitos, infalible aun teniendo 16 años -, y quería preguntar si podía yo hacer un grupo de baile, o danza…
-          ¿De danza? ¿Para aprender a bailar? Lo siento Helena, pero no es tan fácil, el grupo se ha creado con muy poco apoyo y sin ningún tipo de ayuda, para bailar seguro que hay que adaptar una sala y tener equipamiento y buenos profesores, es muy caro.
No dijo nada más, se dio media vuelta y siguió su camino. Me sentó como una puñalada trapera. Se veía que era por lo del otro día, seguro. Yo también, es que era idiota, por intentar impresionar al resto me he ganado la manía de los profesores. Pero, a pesar de estar escondida tras una máscara, a Helena nadie la pisoteaba de esta manera, nadie. Antes, había dejado que me hicieran mucho daño por no saber alzar mi voz, pero Badajoz ya está lejos y nadie sabe de lo que soy capaz de hacer. Y si no podía bailar, ellos no iban a poder cantar.
-          ¡Atención! – grité entrando en clase. Mis pasos parecían de modelo, pija y presumida me hice aparentar. Me subí a la mesa y esperé el silencio, que llegó - ¿Qué os parece una guerra de bolas de papel? ¿Veis estos folletos? Pues… - hice una bola tres que cogí, y se los lancé a los más chulitos - ¡Al ataque!
Adolescentes de entre 15 y 17 años peleándose con papeles, como críos. Suponía que recurrir a lo infantil podía servir. Los folletos iban arrugándose, rompiéndose, encestándose en la papelera. Todo iba bien. A la mierda los que quisieran hacer un grupo de música. Pero… Espera. En más clases debía de haber más.
-          ¡Ey! ¡Esta clase se nos ha quedado pequeña, vamos a otras a por más folletos! – grité, con júbilo.
Y todos me siguieron, como una manada a hacer una pelea campal de bolas de folletos coloridos. De las clases entraban y salían chavales cogiendo y tirando bolas, o buscando papeles para bombardear. Eran críos. Y, tristemente me sentía superior.

·         Axel
-          ¿Qué ha pasado? – la clase estaba llena de papeles arrugados, de sillas caídas, de mesas ladeadas - ¿Ha habido una guerra? – dije, irónicamente.
-          De que venga Chari va a flipar… - respondió Iván, creo que no prestó siquiera atención.
-          Pues mira, ahí la tienes.
Iván se apresuró, le dio un abrazo. No conocía apenas a ambos, pero parecían ser muy amigos. Y esos panfletos… Cogí uno del suelo. Creo que sería el único que lo leería. Aunque tampoco le hice mucho caso, estaba escrito con letras mal echas, coloreado tan mal que daba pena. Lo tiré al suelo de nuevo, entonces Chari volvió a gemir.
-          Chari, tranquila, seguro que alguien quiere apuntarse, el grupo se va a hacer – le tranquilizaba Iván -. Que estos incultos no les interese no significa nada, ¿vale?
-          Pero, pero, pero… - no podía hablar, entre sollozos -.
-          Vamos a hablar con Lara, ya verás como ella nos ayuda como sea.
Ambos se marcharon. Justo hoy quería hablar más con ellos, conocerles, aunque fuera un poco más. Desde que había llegado tan solo ellos se habían acercado a mí. Y no, no me caían bien, ninguno. Pero si podía hacer que ambos confiasen en mí, el tiempo que estuviese en este instituto me sería más fácil. Además, Iván escondía algo, ya lo tenía claro. Se comportaba de manera extraña, siempre lo notaba más tenso cuando me acercaba a él. El resto solían ser más tranquilos. Quizás escondía algo.
-          ¿Qué ha pasado? – preguntó otro chico al entrar en clase. Ángel, su nombre. Venía junto a otra chica, que, además no había venido en los dos últimos días, y su nombre, si mal no recuerdo, era María.
-          Creo que la clase, que ha recibido papeles gratis y los han aprovechado bien – dije, señalando al suelo.
-          Pues yo no me quedo sin saber que es esto – se agachó y cogió uno. Estuvo leyéndolo, y poco a poco los ojos se le habrían más.
-          ¿Y bien?
-          Van a, van a, ¡hacer un grupo de música, aquí en el colegio! – “oh, ya ves tu que alegría” pensé – Mery, mira – le dijo.
-          Pues que alegría – cuando lo dijo, estaba sentándome. Dejé escapar una risa.
-          Esta tarde vamos al casting, quieras o no.
-          Bueno, ya hablaremos – le respondió ella.
Así que por eso Chari estaba así, debía de ser ella la que lo organizó. Y Lara dijo ayer algo de que la escuchó cantar. ¿Era cantante? Eso si que me interesaba. María lo mismo. Ángel se ha interesado por que fueran al casting, y sin cantar bien no se lo habría dicho. El psicoanálisis era mi punto fuerte; tal y como yo decía, nada se escapaba a mis ojos.

·         Lara
Iván trajo a Chari desolada, llorando. Ya Oliva me había echado la bronca por la revolución que había montado mi curso, yendo clase por clase buscando los folletos para tirarlos a otros. Por dios, que infantiles. Después ya hablé con ellos, les eché la bronca a todos, especialmente a Helena por ser la “cabecilla”. A la salida, Guille volvió a esperarme. Me recordaba a ellos, tan simple, tan inocente por la vida. No, esa clase de hombres no me gustaba, y bueno, la verdad es que tampoco me gustasen muchas clases.
Llegó la tarde. La lluvia volvió con ella. Dentro, en el escenario ya estaba Iván preparado para cantar.
-          Ya me conocéis, pero bueno, quiero enseñaros lo que puedo hacer. Hoy he podido coger este micrófono y el equipo de mezclas y los altavoces, esto se me da bien, toma nota Lara – me guiñó un ojo, que mono.
Sí, tome nota. Saber de programas musicales y mezclas es un buen punto a favor… Aunque viendo la gente que había venido, es decir, nadie, daría igual. Iván se movió por el escenario, dio al play al karaoke, y empezó a cantar.
Iván – Gracias (Despistados).
Por último, dio gracias a Chari, por siempre estar ahí. Subió al escenario y le abrazó, le susurró algo al oído, y se abrazaron más fuerte. A eso le llamo yo una amistad sana.
-          ¿Es aquí el casting? – dijo un chico tras mí. Era de mi clase, e iba con una chica mucho más bajita.
-          Sí, ¿venís a presentaros?
-          ¿Podemos cantar juntos? – preguntó la chica – Creo que sería mejor.
-          Claro, si queréis – parecían un poco asustados -. ¿Sabéis tocar algún instrumento?
-          Ella toca el bajo y la guitarra eléctrica – señaló a un rincón, habían dejado varias cosas – y yo he alquilado una batería, supongo que es fácil de tocar, ¿no? – que chico tan simpático, y gracioso.
-          Bueno, pues al escenario.
Chari estuvo hablando un rato con ellos. Mientras Iván y Ángel montaban las cosas. Cuando terminaron, Iván y Chari bajaron, y se sentaron a mi lado.
-          Vienen ilusionados – dijo Iván.
-          Lo hagan bien o mal los vamos a coger – reflexionó Chari -, se ve que a nadie le ha llamado la atención.
-          Bueno, silencio, que ya empiezan – les mandé a callar.
Mery y Ángel– Como un lobo (Miguel Bose).
Cuando ambos acabaron, tanto Chari, como Iván, como yo, dejamos la boca abierta, y aplaudimos lentamente.

·         Raúl
Helena me estaba siguiendo el juego. Cada día venía con una falda más corta, provocando más. Y no solo me provocaba a mí, si no a cualquiera que pasara por delante. Estos dos últimos días tras la cena ha pasado de mí como si no hubiera pasado nada entre nosotros, y ambos sabemos que aquella noche pasó más de un par de besos. Según me han dicho, el domingo iban a dar una fiesta, y a la primera que habían invitado era a ella, iba a ser una fiesta de “presentación” en su nombre. Tenía que impresionarla, y se me había ocurrido la mejor forma: un regalo especial.
-          Dani, ¿Qué tal tienes la coca? – le dije bajito a mi amigo, el Camello.
-          Barata ahora, muchos compran a primero de curso, resaca veraniega, depresión…
-          Bueno, déjate de rollos, ¿tienes aquí?
-          Tengo 100g, si tienes el dinero te lo doy ahora – saqué mi monedero, le di la pasta y me guardé el saquito.
-          Tu y yo no nos hemos visto – le dije, mirándole a los ojos.
Las tías como ellas se volvían loca con un poco diversión, y más en una fiesta como la que le estaban montando. Pero no me pensaba quedar atrás, en esa fiesta pensaba quedar como un rey para ella. Guardé el saco en la taquilla, y fui para clase. Iba saludando a todos, como si ya fuera su príncipe, me sentía potente. Hasta que Lara me cogió por el hombro y me paró en seco.
-          ¿Tú te crees que soy ciega no?
-          ¿Eh? – no podía haberme visto - ¿De qué hablas?
-          ¿Quieres que vaya a registrar tu taquilla?
-          ¡Está bien! – no podía ser, menuda pillada – Pero es de un amigo, solo se la estaba guardando.
-          Mmm – parecía que no se lo creyese -, vamos a hacer una cosa. Me das la droga, yo lo paso por alto, y tu vienes esta tarde al casting para el grupo de música - ¡¿qué?! Pensé que estaba de coña - ¿Estamos?
-          Sí, sí – cogí el gramo y se lo di, pero el castigo me parecía muy extraño -. ¿Y ya está?
-          Ya está. Luego te veo a las 5, si no vienes prepárate para dejar el colegio.
No podía dejar que me expulsaran, ahora que estaba tan cerca de Helena. Justo entonces entraba por la puerta a la clase, con su pelo suelto y su cada vez más corta falda. Dejó sus cosas en la mesa, y vino hacia mí, sonriendo y tan sexy, moviendo sus curvas.
-          Hoy es viernes, ¿quieres que quedemos? – se apoyó en la mesa, dejando al descubierto su escote, en frente de mi cara. Y me costó mirarla a los ojos.
-          ¿Hoy? Estoy castigado, tengo que venir por la tarde al dichoso casting.
-          ¿Al casting? ¿Del grupo de música?
-          Sí… Ese – parecía interesada -, ¿por?
-          Creo que voy a ir contigo, quiero apuntarme.
-          ¿Ah, sí? – entonces, como no, el castigo se convirtió en oportunidad.
-          Esta tarde aquí a las 5, que es cuando es el casting.
El profesor entró en clase y el aroma de ella se alejó unos metros, al igual que su voz, que su escote.

·         Guille
Esto estaba lejos de una cita, pero al menos podía pasar una tarde con Lara. Hoy era el último día del casting y según me había contado solo 4 se habían presentado, y los 4 los había cogido, no tenía otra opción. También me contó que había pillado a un alumno con cocaína y que como castigo le había obligado a presentarse. Claramente pensaba cogerlo, así según me dijo tenía los 5 que necesitaba para empezar.
Me vestí con corbata, tejanos y chaqueta, y sí, pensaba invitarla a cenar después. Aunque cuando llegué solo estaba ella, al rato llegaron dos chicos, si mal no recordaba, Chari, la chica del restaurante y el chico con quién siempre está. Parecía una pareja simpática, ¿serían novios? Iván siendo tan enclenque estar con una chica tan… exuberante; era algo digno de admirar.
Lara estaba de los nervios, no llegaba nadie y los otros dos igual, tirándose de los pelos. El escenario ya estaba preparado, pero su soledad daba incluso pena. Al final, tras esperar media hora dos chavales entraron cogidos de la mano, mojados hasta las trancas.
-          Perdona Lara, se ha puesto a llover, se nos ha volado el paraguas… - dijo el chico, Raúl.
-          ¿Helena? – contestó Lara.
-          Creo que me haría ilusión entrar al grupo, ¿Raúl y yo podemos cantar juntos no?
-          Sí, claro – respondió -. ¿Sabéis tocar algún instrumento o algo?
-          Helena, yo desde pequeño toco la guitarra eléctrica – dijo Raúl, como si estuviera respondiéndola – y Helena me ha dicho que sabe bailar bien – respondió, esta vez mirando a Lara.
-          Vamos a cantar una canción en spaninglish, si no os importa – añadió Helena, bastante borde -. Pon la música, Raúl.
 Helena y Raúl – Looking for paradise (Alejandro Sanz).

Nos dejaron sin palabras. A fin de cuenta, malos, no, no eran malos para nada.
-          Perfecto – dijo Lara. Se levantó del asiento – Ya tenemos a los 6 miembros del grupo.

·         Oliva
-          ¿Cómo? ¿Un asesino? ¿En el instituto?
-          Es de alto secreto Oliva, no puede enterarse nadie, ni ningún alumno, ni ningún profesor, ni siquiera el dueño – estaba asustada, me temblaban las manos con la noticia –. Si alguien se entera, todos corremos peligro, todos.
Supe desde ese instante, que no volvería a venir tranquila al instituto. Y tampoco podría volver a mirar a nadie bien a la cara, ni a ningún profesor, ni a ningún alumno.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Capítulo 1 · Parte 2

·         Raúl
-          Ey, Helena.
Sí, me gustaba desde el primer segundo en que la vi. Rubia, ojos azules, un cuerpo perfecto, y en clase demostró ser una chica de carácter, demostró ser la chica que buscaba, por eso no dudé en presentarme nada más verla por los pasillos.
-          Tú eres… Raúl, ¿Verdad? – me sonrió, me gustó.
-          Premio, has ganado una comida conmigo.
-          ¡Ja, ja! – pude contemplar su perfecta sonrisa – Lo siento, pero con sinvergüenzas yo no salgo – dio media vuelta y siguió su camino.
-          ¿Y si te invito a cenar? – se paró.
-          Depende – volvió hacia atrás -, depende de a donde me invites, si es al Burger te aseguro que puedes ahorrarte persuadirme.
-          ¡No! - ¿una cena formal? – Te invito a un restaurante aquí cerca, en el barrio.
-          Mmm – volvió a darse media vuelta -, llámame luego, te tengo que decir donde recogerme – giró la cabeza, dejó caer un papel y guiñó un ojo -.
-          ¿Es tu número? – lo recogí – ¡A las 5 te llamo!
Había ganado una cita, mucho más fácil de lo que pensaba. Seguro que acababa por gustarle a ella igual. ¿Pero una cena formal?

·         Guille
Bien, después de insistir durante toda la mañana, Lara aceptó mi invitación a comer, aunque fuese para cenar. La chica tenía una cabellera larga, que le caía por los senos, pelos rizados como torbellinos, negros como el carbón. Oh, sus labios, tan puros y carnosos, vestidos de escarlata esta noche, eran… Motivo de pensar si había caído en una red que no me había lanzado. Esperé sentado, bajo el paraguas, en el banco en que me había citado. No, puntual no era, no todos llegamos media hora tarde viviendo en frente. La lluvia caía con fuerza. Nos saludamos con dos besos amistosos, con dos mejillas sonrojadas. La agarré del brazo, nos reímos, y fuimos hasta el restaurante.
Una música suave sonaba de fondo. Las mujeres con sus chalecos cortos de principios de otoño comenzaban a quitárselos poco a poco, mientras que la temperatura subía a medida que más gente entraba a la sala. Por querer ser un caballero, pedí una canción a escondidas, para que dentro de media hora la tocasen. Para encantar hay que ser encantador, o aparentarlo.
-          ¿Qué van a pedir? – preguntó la camarera. Su cara me era extrañamente familiar.
-          Yo quiero los espaguetis con atún, pero sin queso y con poco tomate – dijo, refinada ella – y por ahora ya está.
-          A mi ponme un buen chuletón, con bastante pringue.
-          ¿Nada más? – asentí – En unos minutos vuelvo, gracias.
Bueno, era una noche y podría excederme, pero Lara me miraba con unos penetrantes ojos, ni que fuera un delito… Esto decía tanto de su formalidad como de sus modales, incluso de su carácter.

·         Chari
Ay mi madre, que estaban aquí mis dos profesores. Me habían mandado a tomarle el pedido, pero con mis dotes de belleza exótica he conseguido que ninguno me reconociera. Tengo unas ganas de que me den ya la noche libre, aunque sé que tengo que ayudar a mi madre en todo lo que pueda, esto es demasiada presión. Encima, en otra mesa más allá, estaba Raúl con Helena, la nueva. Todo iba en mi contra, hasta que con suerte Iván apareció. Le había llamado para hacerme compañía esta noche, un martes muy ajetreado.
Iván nunca salía de marcha, ni era muy echado para adelante, ni tampoco divertido, pero a pesar de ser un polo opuesto a mí era mi mejor amigo, el único que no me había fallado en estos últimos 5 años.
-          ¿Qué? ¿Hace calor fuera? – me cachondeé, venía empapado.
-          Es lo que tiene no ver el tiempo antes de salir…
-          Anda – le di un uniforme de cocinero -, será mejor que te pongas eso antes de que te resfríes.
Menuda cara larga. Sabía que le iba a poner pegas, encima que le doy ropa… Pero bueno, no me molesta, no a todos le gusta ir disfrazados un ratito.
Se cambió rápido, ya venía seco. Sus pelos chorreaban aún. Poco pronto cogí la fregona y se la tiré a la cara. Otra vez con su cara de odio. Aunque después siempre nos acabábamos riendo, esta ocasión no fue menos. Mientras él limpiaba los pequeños charcos que trajo consigo, repartí los platos a mis queridos profesores. Pero esta vez tuve menos suerte.
-          Oye… - dijo Lara – Tú, tú eres Chari, ¿Verdad?
-          Eh… - me quedé cortadísima, que vergüenza – Sí, soy alumna de tu curso.
-          ¡Claro! – exclamó Guille, el profesor de inglés.
-          ¿Y eso a que viene? – que picada parecía Lara, con el rostro que parecía saltar – Chari puedes seguir trabajando pequeña.
Me fui echando leches, parecía que fuesen a tener bronca. Lara parecía muy formal, y Guille, el Guille que yo conocía, era un crio de 26 años.
Volví a por los platos. Esto ya era una broma, ¿Ahora tenía que llevárselos a Raúl y Helena? Mientras que yo buscaba escusas, Iván acababa de fregar; que manitas el muchacho.
-          Pero, pero – estaba en shock -, pero mamá, no puedo llevárselos.
-          ¿Por qué no?
-          Porque son de mi clase, ¡No puedo! – y finalmente tuve que decírselo.
-          Chari, o coges los platos ó… - ese silencio fue demasiado temible – O subes al escenario.
-          ¿Cómo?
-          Pensándolo bien, quítate esa ropa, ponte la ropa de Cate – señaló el baúl de Cate, la solista del grupo de música de nuestro restaurante -. Hoy vas a sustituirla.
No lo dudé, mejor que me vieran cantando que repartiendo papas fritas. Incluso cantando se darían menos cuenta. Sí, era lo mejor. Iván estaba un poco perplejo. Le dejé sentado en un taburete, me cambié volando, y salté al escenario. David, el pianista, me explicó que aquel señor… Guille, concretamente, había pedido una canción. Joder, menuda cancioncita, este se traía algo con Lara seguro. Ya las luces se apagaban. Desde la primera fila, Iván me miraba sin quitarme ojo. Y pues, los otros, los otros también. Creía que me tambaleaba la voz, pero no, tan solo creía.
Chari – Me muero por besarte (La quinta estación).

·         Lara
-          Oye, la cena de anoche estuvo bien, pero fue solo una cena – dije, bien claro - ¿Estamos?
Guille llevaba todo el día detrás de mía, me preguntaba como estaba, que tal la cena… Todo, lo mismo, veinte veces que lo vi veinte veces que me lo preguntó. Este tipo de cosas eran las que odiaba, alguien que me acosase, con cariño, pero a fin de cuentas es acoso. Y lo peor: no quería nada, absolutamente nada. Era un crío, se le veía en la cara. Anoche pidió una canción para mí, preciosa, pero me fijé más en otra cosa que en el detalle.
-          Buenos días a todos – dije entrando en clase, dejando los libros sobre mi mesa -. Hoy vamos a hablar de un tema interesante. ¿Podéis decirme que actividades extraescolares hay? – callé, un minuto, y no hubo respuesta - ¿Y que os parece organizar un grupo musical? Anoche te escuché Chari, fue apasio... - entonces Chari se levantó, y agarró a Iván del cuello de la camiseta. Lo agarró y salieron de la clase. - ¡Chari!
La había chafado, quizás no quería que nadie supiera nada. Salí tras ella, y tras el pobre Iván, que lo llevaba a rastras.
-          ¡Rosario! – conseguí alcanzarla.
-          Lo primero, no me llames Rosario – dijo, girando la cabeza enfadada y con fuerza -, lo segundo.
-          Chari, relájate por favor – la intentó tranquilizar Iván -. Me estás haciendo daño, Chari.
-          Lo siento – le soltó, un poco perpleja -. Lara, ¿por qué has tenido que decir que me has visto cantando? No te metas en mi vida privada, y menos cuentes lo que sepas de ella.
-          Perdóname Chari… Yo solo quería decirte que pensaba presentar un proyecto para hacer un grupo de música, y que me encantaría que formaras parte de él.
Los ojos de ambos chiquillos se cruzaron, dejando escapar un soplido de sorpresa, una pequeña pausa para asimilarlo.
-          ¿De verdad que crees que canto bien? – me preguntó.
-          ¡Eres increíble Chari! – tuve que mostrar admiración, no podía negarla - ¿Por qué no vienes esta tarde y lo hablamos tranquilamente?
-          ¡Claro, claro…! – se fue con Iván, tarareando alegre, brincando como una niña.

·         Ángel
María no venía desde la presentación. No sabía nada de ella, no había llamado, ni se había conectado al Tuenti, nada. Estaba deseando que sonara la campana, largarme a saber si todo estaba bien. Y cuando tocó salí el primero por las puertas del instituto. Crucé corriendo las calles bajo la lluvia, en su busca. Llegué enseguida a su portal, y exhalé un nervio. Llamé.
-          ¿Sí? – sonó una voz ronca y desentonada.
-          ¿Está María? Soy Ángel, un amigo – me presenté. La puerta se abrió.
-          Sube, está un poco… Bueno, sube.
La mujer me ofreció un café al entrar, pero no pude aceptarlo, primero debía verla. Me llevó hasta su habitación. Mery, María, estaba sentada con la vista perdida hacia la lluvia, que caía tras su ventana. Parecía que estuviera llorando, pero en verdad eran las sombras de las gotas que dormían en el cristal.
-          Mery… - su rostro no expresaba nada, parecía pálido como el de un muerto, y el poco calor que daba era el que ofrecía la manta que la cubría - ¿Qué pasa ahora?
-          La lluvia – dijo -, es la lluvia.
-          ¿Por qué no has venido a clase?
-          ¿Y para qué? – respondió – Soy una completa inútil. Ángel, desde que Wallace se fue de España no he podido recuperarme, y pienso que todo fue culpa mía.
-          ¡María! – me arrepiento ahora, pero le di un guantazo que le cambié el color de toda la cara - ¡Wallace se fue por su culpa! ¡No vas a destrozar tu vida por un chaval!
-          Ángel… - ladeó la cara, pude verla soltar una lágrima de desamor, vacía de esperanza – No puedo quitármelo de la cabeza, pensaba irme con él pero me dejó aquí.
-          No, ¿y qué crees? ¿A dónde piensas ir con quince años? Eres tan solo una niña, aún te queda demasiado que vivir, y Wallace es solo un capítulo más.
-          Pero, es tan complicado… - derramó otra lágrima – Y ya no sé que hacer, todas las tornas han cambiado, nadie me quiere hablar, estoy completamente sola…
-          ¿Sola? – me sentó mal, aunque no se lo reproché – Me tienes, y siempre me tendrás.
-          Pero tu tienes tu vida, tu deporte, tus aficiones… - ay, si supiera que ella era mi vida, mi meta, mi afición - ¿Y yo que tengo? Un mp3 lleno de canciones que ya he escuchado hasta aburrirme.
-          ¿Nunca has probado a grabar una canción tuya? – era buena idea, quizás podía distraerla – Te he oído cantar, y no lo haces mal.
-          Y tú claro, sabes que eso cuesta mucho dinero – dijo, irónicamente, pero parecía más animada.
-          Yo te ayudo a conseguir el dinero, si tú vienes a clase de nuevo.
-          Pues… - parecía que estuviese pensándolo, pero sabía de sobra que ya sabía la respuesta – Sí, acepto señor Ángel salvador.

·         Iván
Ser mejor amigo de Chari era, muchas veces, una tortura. Chari me llevaba con ella allá donde iba, y la verdad, tampoco es que tuviera más amigos con quién ir. Estaba temblando, Lara se estaba retrasando. Como sudando, se llevaba las manos a la cara, roja rojísima.
-          Hey, chicos – entró Lara al despacho -, siento el retraso.
Podía decirse que somos unos críos, pero nos reímos por el doble sentido. Lara nos explicó que le había comentado a Oliva la idea, pero esta se había negado por el presupuesto. Los ojos de Chari se volvieron negros negruzcos negrísimos, era algo tan desolador en ella. Era mi mejor amiga y si tenía esta pequeña ilusión, tenía que hacer lo posible para ayudar a que pudiese realizarla. Además, aunque no lo pareciera, yo también tenía una pequeña esperanza de poder entrar en el grupo.
-          ¿Y si lo pagamos nosotros? – propuse.
-          ¿Vosotros? Un grupo de música es caro… - reflexionó Lara.
-          Ya, pero digo, y si somos nosotros quienes dirigimos el grupo, tocamos los instrumentos y obviamente cantamos, también podemos aportar dinero, no tiene que ser una actividad gratis, ¿No?
-          Pero… - dijo Chari, pero pareció pensarlo un momento – Tienes razón, yo si hace falta compro lo que sea.
-          ¿Pero solo dos vais a ser en el grupo? – preguntó Lara. Ambos guardamos silencio y nos miramos – Creo que deberíais de hacer un casting, buscar gente que sepa algo de música o que quiera aprender, pero del colegio, ¿estamos? – concretó muy seria – Oliva seguro que nos deja usar la sala de ordenadores y el teatro viejo de la parte de atrás. Si vosotros encontráis entre 5 y 6 personas ya me encargo yo del resto, ¿vale? – Chari sonreía, asintiendo como una niña.
Salimos dando saltos de alegría; bueno, yo estaba forzado a hacerlo por sus abrazos coléricos. Por los pasillos oscuros del colegio en la tarde, íbamos pensando como hacer el casting, que podíamos requerir para entrar. Menuda locura llevaba encima mi amiga. El primer destino fue la biblioteca. Ella sacó su portátil y comenzamos a diseñar los carteles de propaganda, los colgaríamos por cada esquina del instituto. Entre los requisitos, incluimos tener ilusión, tener entre 15 y 18 años, cantar una serie de canciones, tener un instrumento o algo que aportar… Chari sacaría malas notas, pero de lista tenía más que yo.
Nos dieron las ocho, y afuera seguía lloviendo. Creí ver caminar por los pasillos una sombra sin rostro, pero solo fueron imaginaciones mías. Antes de irnos, colgamos todos los carteles, repartimos folletos por las clases, en cada mesa.

viernes, 31 de agosto de 2012

Capítulo 1 · Parte 1


Capítulo 1 – Lluvia.
·         Mery.
Nunca me es fácil comenzar a narrar esta historia. Desde el principio, tenía sueños e ilusiones, y todos ellos me llevaban a subirme al escenario. Mi voz era sin duda el mayor regalo que dios me pudo hacer, y en ocasiones pienso que el único. Pero cada noche, una parte de mi pensaba en el fracaso, en la continua desesperación por no haberme movido ni un paso en estos 15 años, sabiendo que si ahora no comenzaba jamás podría lograr mis objetivos.
Hoy empezaba mi nuevo curso, 1º de bachillerato. No podía presumir de instituto. Era ciertamente viejo y un poco ruinoso, y peor eran sus alumnos. En cada esquina podías oír un murmullo que te hacia más desgraciado e infeliz. Pero justo en esos momentos es cuando una voz en mi interior me dice que siga, que nada me podía derrumbar… Era su voz, una voz que echaba de menos, pero aun así le oía. Era Septiembre, pero mis lágrimas parecían atraer la lluvia.
Mery - La Lluvia. (María Villalón) /2min./
NOTA: Cuando pongo el nombre de un personaje junto a la canción (y su artista) significa que comienza a cantarla, pues a pesar de ser una historia está pensada para un guión audiovisual.

Y ahí estaba Ángel, con su típica sonrisa burlona y su cara de malote sin escrúpulos. Pero quizás fuera el único amigo que me quedaba. Después de haber hecho todo lo que hice, es normal que nadie quisiera acercarse a diez metros mía. Ángel en cambio nunca había dejado de hablarme, fue la única persona que estuvo a mi lado en los malos momentos, la única que no escuchó las malas lenguas.
-          ¿Ya estás pensando otra vez en él? – se acercó y me preguntó.
-          No he dejado de pensar en él ni un solo segundo de todo este verano.
-          Pero ya pasó todo… - suspiró – Debes de olvidarlo, ya es pasado.
-          ¿Pasado? – le grité – Si aún todos me miran con cara de asco, como si fuera una rata de alcantarilla.
-          María, es normal. Una no va todos los días…
-          Calla, no sigas. Prefiero no recordarlo.
-          Además, que sabes que solo la verdad la sabes tú, el resto son simple rumores.
-          Pero aun así todo me trae recuerdos…
-          Anda, cógeme del brazo y entra conmigo, que nos deben estar esperando en clase.


·         Chari
Que alegría me daba verles a todos de nuevos. Ana, Belén, Rocío, todas ellas y los chicos de mi clase, Juan, Ángel, Carlos… Bueno, quizás ver a María no me hacía tanta gracia, pero no iba a dejar de respetarla por unos rumores. 1º de bachillerato, que fuerte era por favor. Parecía que no iba a llegar aquí nunca, y aquí estaba. Ciertamente tenía miedo, era todo mucho más complicado, iba a poder salir menos, y claro, las responsabilidades subían como la espuma. Pero bueno, como cada año iba a pasármelo bien. Vaya, había muchas caras conocidas pero otras tantas eran completamente nuevas para mí.
Especialmente me llamó la atención un chico que se sentaba en primera fila… No había hablado con nadie desde que había entrado, ni se había molestado en presentarse. Era agradable hablar con mis amigas, pero aquel chico me revolvía las tripas, tenía que acercarme a saludarle.
-          Hola buenas – le di dos besos, un poco descarada sí -. Yo soy Chari, encantada, ¿Cómo te llamas?
-          Soy Axel – dijo, frío, ni siquiera se molestó en mirarme.
-          Ah bien, y de donde eres chico misterio.
-          Vengo de fuera…
-          Está bien… - menudo chico, que pocas ganas -.
Las chicas se estaban riendo, la verdad es que yo también estaba por dejar escapar una sonrisa. Que pelo más raro, llevaba dos rastas, teñidas de rojo a cada lado, debajo de las orejas, y en ellas unos… ¿anillos? No lo sé, pero era tan intrigante. Habría seguido preguntándole, pero nuestra nueva tutora entró a presentarse. A saber que nos había tocado este año.

·         Lara
-          Para empezar, mi nombre es Lara y voy a ser vuestra tutora este año – empecé a decirles.
Era una suerte, hace un mes me llamaron informándome de la jubilación del profesor de música del instituto y me contrataron de chiripa. Llevaba un mes echa un flan, al fin había acabado la carrera y me habían dado el trabajo de mi vida, todo en este año, era genial. Pero ahora estaba sola ante ellos y no sabía ni por donde empezar.
-          Bueno, quiero deciros que soy también la nueva profesora de Música, así que os trataré más a los que hayáis escogido artes. Y bueno nada, que en esta hora me gustaría que hablaseis un poco de vosotros, quiero iros conociendo.
Así, todos se presentaron uno a uno, algunos más que otros, otros solo quisieron decir sus nombres y tres cosas que les saque a regañadientes, y otros simplemente no dejaban de hablar. Eran buenos chicos, aunque supongo que tenían sus historias y demás, tampoco me gustaba meterme en la vida privada de nadie.
Ya acabó la presentación, los chicos salieron poco a poco. Cuando todos se fueron, me pregunté que hacía allí, si era mi lugar en realidad, pero la idea del “no” no llegaba a mi mente. Recogí las fichas y los libros, pensaba largarme a casa pero alguien me agarró por la espalda. Me giré, sobresaltada.
-          ¿Quién eres? – dije asustada.
-          ¡Ja, ja, ja! Estas como un flan, pequeña – dijo.
-          ¿Eres un profesor?...
-          Me llamo Guillermo, soy el profesor de inglés de tu curso, encantado.
Sus ojos azules eran tan cristalinos como el mar, y su pelo, marrón y claro, corto, rizado, parecían ramas de árboles giradas en si mismas. Su cara delgada y morena y su sonrisa picaresca decía mucho de él.
-          Yo soy Lara – le di dos besos -. Ahora tengo que irme.
-          ¡Espera! – corrió hasta ponerse delante de mía, me choqué – Deja que te invite a un café.
-          ¿Café? Pero si es mediodía.
-          Entonces a comer.
-          Lo siento, tengo prisa – me coloqué bien el bolso y salí del instituto dejándolo atrás.
-          Bueno, entonces ya mañana… - pero su voz se desvaneció.
Tenía un poco de pánico, una invitación de un chico para comer, y nada más conocerle… No estaba acostumbrada a salir con chicos, y mucho menos así. ¿Qué habría visto en mí?

·         Iván
Como no, el primer día de clase y me quedé dormido. Tenía unas ganas tremendas de verles a todos de nuevo, pero ya eran las 3 de la tarde… Esto me pasaba por dormirme a las 4 de la madrugada. Así que hoy ya los vería a todos. Tampoco he estado lejos de ellos todo el verano, pero a Rosario apenas la he visto y sinceramente, la echaba de menos con toda el alma. Cuando sonó el despertador por primera vez en todo el verano, salté de la cama y brinqué hasta el baño. Agua, jabón, espuma y ropa, y sin falta, una canción para animar la mañana.
Mis padres ya hacía rato que se habían largado, como cada amanecer. Y la música para mi era una vitamina que renovaba mis ganas de seguir. Es difícil que la gente te acepte cuando tienes gustos extraños, o cuando simplemente eres diferente del resto.
Las calles en las que vivo son viejas, siempre están sucias y duele respirar en ocasiones. Mi madre no tiene demasiado dinero, cuando vivo con ella ir al colegio es todo un suplicio, pero mi padre tiene una vida muy acomodada, y pasar con él la mitad del año es todo un lujo.
Y que puedo decir de mi instituto, es normal, tiene lo necesario, profesores buenos, compañeros soportables… No se está mal, siempre he pensado que hay gente que vive peor.
Ahora tenía que esperar a que abran… Unos días llego casi antes de que cierren y hoy ni siquiera han abierto. Sí, estoy seguro que es por la curiosidad que me trae saber quienes tengo en clase. Cada año esperaba que llegase alguien con quién pudiera compartir parte de mi, algo más que risas o simples secretos, algo más que la amistad, pero esa persona nunca llegaba. Tan solo Chari estaba a mi lado desde críos.
-          ¡Iván! – gritó Chari al verme. Salió corriendo, justo abrieron las puertas del instituto.
-          Al fin… - dije para mis adentros. Chari me embistió con un abrazo, que tornado por favor.
-          ¿Ya podías dignarte a llamar algún día del verano no crees? Y encima no vienes a la presentación, tú también… - me reprochaba, pero son su sonrisa imborrable.
-          Lo siento, he estado en Ibiza y en Grecia…
-          Pues avisa muchacho – me decía sonriente.
-          ¿Entramos? – propuse, abrazo a ella.
-          Claro, además te tengo que presentar a los nuevos.
Los pasillos empezaban a llenarse de ruidos de jóvenes, de gritos eufóricos, de recuerdos, como siempre. La clase estaba limpia, renovada como cada año, con ganas de ser estrenada. Chari entró como siempre, tarareando una cancioncilla suave. La pizarra mostraba un verde perfecto, limpio de tiza. Poco a poco todos fueron entrando, todos saludando a Chari; a mí apenas siquiera me miraban. Caras conocidas, nadie nuevo.
-          ¿Y bien? ¿Quién ha venido nuevo, Chari?
-          Hay dos chicos nuevos, con la muchacha no he hablado, sé que se llama Helena – se quedó callada unos segundos –. El otro viene por ahí.

·         Axel
Ya me estaban mirando como si fuera un bicho raro otra vez. ¿Y quién era ese? Ayer no vino. A su lado está Chari, y no parece muy social, sobre todo por sus pintas. Debe de ser un friki. ¿Y si me acercaba a hablar? No quería que tuviesen una idea equivocada de mí. No venía al instituto a tener amigos, ni siquiera a conocer a mis compañeros, no me interesaba en absoluto. Pero veía en ese chico algo distinto, que me recordaba a mí. No mucha gente me llama la atención, prácticamente nadie. Creo que iba a ser hora de presentarme. Me acerqué a ellos. Ambos estaban perplejos.
-          Soy Axel, ¿tú eres? – le tendí la mano.
-          Yo – tartamudeó, pobre -, soy Iván.
-          Hola Axel, soy Chari, ¿te acuerdas?
-          Sí, encantado de conoceros a ambos.
Me di media vuelta; justo en ese momento de tartamudeo me dejó de impresionar. Era extraño que me hubiera llamado la atención, algo tenía que ocultaba. Mis ojos no me engañan. Y por desgracia, los secretos me sacaban de quicio, demasiado. Era mi extraña obsesión. Pero a veces para conocer las verdades toca no mover ficha, si no que la muevan por ti. Al acabar la primera clase se levantó despacio. Se acercó tímidamente, ahí comprendí que lo había calado. Iván se sentó a mi lado.
-          ¿Qué tal llevas lo de ser nuevo? Has hablado ya con alguien o aún son todos muy extraños – preguntó Iván, sonrojado.
-          No he tenido oportunidad.
-          ¿Te gustaría venirte con Chari y conmigo en el descanso? – preguntó un poco indeciso, cosa que odiaba en la gente.
-          Me parece bien – dije, mintiendo con todo el descaro del mundo.
Abrió la boca, pero la cerró. No encontraba palabras supongo. Igual que vino se fue. Ya habían movido ficha, el siguiente turno era el mío.

·         Helena
¿Qué demonios? Anda que no me había tocado una clase menos interesante, había desde un friki hasta una marginada. Bueno, pero yo ya me había echo un hueco en quienes importaban, los más respetados. Lo que me hacía falta estar con mis antiguos compañeros… Pero ya Badajoz estaba lejos, y no, jamás perdonaré a mis padres que me sacasen de mi tierra. Aunque pudiese empezar de nuevo, dejé mucho atrás, mi academia, mis mejores amigas y hasta a mi novio.
Lara acababa de entrar en clase. Elegí artes por lo poco de música que dan, tan solo por el recuerdo de mis días bailando. Aún tenía que encontrar una academia. Pero en medio de mis pensamientos, Lara se interpuso. No, no había prestado atención, y no, no tenía ni idea de que demonios estábamos hablando.
-          Helena, lee.
-          En… - Dios, no podía perder tan pronto la dignidad, tenía que conservar la poca popularidad que tenía – Pues no.
-          ¿Cómo que no?
-          Que no voy a leer.
-          ¿A qué se debe? – los demás me miraban con cierto asombro, quizás admiración.
-          No me da la gana.
-          ¿Helena? – se levantó – Mira, vete a dirección y cuando se te bajen los humos vuelves.
Todo seguido, me levanté y tiré la silla. Salí furiosa de la clase, aunque claro, todo era una simple máscara. Ahora me arrepentía. Pero mis padres iban a darme un castigo lo suficiente fuerte como para no ir a baile siquiera… Me lo venía venir, como si no lo supiera.
Entre en dirección, medio llorando. Una mujer de pelos canosos y largos, claros como la cal, se sentaba mirando hacia atrás, en una silla de bajo respaldo. Según me habían dicho, se llamaba Oliva. Espero no fastidiarla…
-          ¿Oliva? – pregunté, atemorizada. No obtuve respuesta - ¿Eres Oliva? – volví a preguntar.
Cuando quise darme cuenta, dejó caer la cabeza a un lado y la volvió a subir, seguido, un ronquido. ¡Estaba dormida! Esto era buenísimo. Se me ocurrió una idea, brillante, y peligrosa, sí. Saqué el móvil, puse la cámara y…

·         Oliva
-          ¡DESPIERTA! – gritó alguien detrás de mí; menudo chillo.
Y que si desperté. Estos sustos no se podían dar ya a una mujer tan mayor como yo, me podía dar algo. Pero como no, una joven que parecía inquieta era la causante de mi malestar. Ay… Me había dormido, acababa de darme cuenta. La chica me había visto, que corte por favor.
-          Siento mucho mi pequeño lapsus… Esto que quede entre nosotras, ¿Vale? – intenté disculparme - ¿Cómo te llamas joven? – dije, educadamente, aunque con intención de hacerle la pelota.
-          Soy Helena, Lara me ha mandado castigada.
-          ¿Y eso? ¿Tengo que expulsarte?
-          Yo creo que no deberías, tan solo me he negado a leer, le he faltado el respeto a mi tutora, he gritado y he tirado una mesa.
-          Pero… - ¿cómo lo decía tan tranquila? – Eso es una falta grave, debería expulsarte aunque sea un día a tu casa.
-          ¿Segura? – sacó algo de su bolsillo – Mira esto.
Me tenía bien pillada. Había grabado 5 minutos enteros como dormía y roncaba mientras ella esperaba sentada a que me despertara, haciendo ruidos diversos, e incluso riéndose de mí. Se acercaban las elecciones a nueva dirección y podía ser el peor elemento en mi contra, además de lo vergonzoso que podía ser.
-          ¿Qué piensas hacer con eso? – pregunté bastante alarmada.
-          Por ahora, nada, si tú tampoco haces nada, ya entiendes.
Menuda niñata. Ya sabía quién era. Una de las chicas nuevas de este año, se llamaba Helena. Vaya joya había aceptado en el colegio. Tenía buenas referencias, no entiendo qué pasaba. Lo mejor era dejarlo estar, aunque recurrir al chantaje de una adolescente podría incluso traerme mayores problemas.
-          Piensa en lo que has hecho – me levanté y le abrí la puerta, cortésmente.
La acompañé hasta clase. Lara parecía adaptarse bien a sus nuevos alumnos, se les veía bastante atentos todos. Axel, el otro alumno nuevo también estaba tranquilo y atento. Sus tíos no decían grandes cosas de él, pero su historia me llegó bastante al alma, no podía rechazar que estuviera en este colegio. El sufrimiento marca la vida de todos, pero este chico parecía llevarlo con unos ojos distintos.
-          Lara, puedes salir un momento – agarré a Helena y la metí dentro de clase -. Helena ya está más tranquila, perdona su mal comportamiento, hoy ha tenido un mal día – Lara la miró con cara agresiva, amenazante, pero en verdad escondía nervios.
-          Ahora vengo, leed las páginas siguientes, y Helena ya hablaremos – salió conmigo de clase y cerró la puerta tras ella -.
-          Ya he solucionado el tema, no volverá a pasar.
Lara me miro con cara de pocos amigos. Su currículo era impresionante, pero apenas tenía experiencia, y menos con jóvenes revolucionados.  Me recuerda a mí de joven, quizás por eso la contraté, por la sincera chispa de ilusión que desprende.