BASADO EN SUEÑOS REALES.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Capítulo 1 · Parte 2

·         Raúl
-          Ey, Helena.
Sí, me gustaba desde el primer segundo en que la vi. Rubia, ojos azules, un cuerpo perfecto, y en clase demostró ser una chica de carácter, demostró ser la chica que buscaba, por eso no dudé en presentarme nada más verla por los pasillos.
-          Tú eres… Raúl, ¿Verdad? – me sonrió, me gustó.
-          Premio, has ganado una comida conmigo.
-          ¡Ja, ja! – pude contemplar su perfecta sonrisa – Lo siento, pero con sinvergüenzas yo no salgo – dio media vuelta y siguió su camino.
-          ¿Y si te invito a cenar? – se paró.
-          Depende – volvió hacia atrás -, depende de a donde me invites, si es al Burger te aseguro que puedes ahorrarte persuadirme.
-          ¡No! - ¿una cena formal? – Te invito a un restaurante aquí cerca, en el barrio.
-          Mmm – volvió a darse media vuelta -, llámame luego, te tengo que decir donde recogerme – giró la cabeza, dejó caer un papel y guiñó un ojo -.
-          ¿Es tu número? – lo recogí – ¡A las 5 te llamo!
Había ganado una cita, mucho más fácil de lo que pensaba. Seguro que acababa por gustarle a ella igual. ¿Pero una cena formal?

·         Guille
Bien, después de insistir durante toda la mañana, Lara aceptó mi invitación a comer, aunque fuese para cenar. La chica tenía una cabellera larga, que le caía por los senos, pelos rizados como torbellinos, negros como el carbón. Oh, sus labios, tan puros y carnosos, vestidos de escarlata esta noche, eran… Motivo de pensar si había caído en una red que no me había lanzado. Esperé sentado, bajo el paraguas, en el banco en que me había citado. No, puntual no era, no todos llegamos media hora tarde viviendo en frente. La lluvia caía con fuerza. Nos saludamos con dos besos amistosos, con dos mejillas sonrojadas. La agarré del brazo, nos reímos, y fuimos hasta el restaurante.
Una música suave sonaba de fondo. Las mujeres con sus chalecos cortos de principios de otoño comenzaban a quitárselos poco a poco, mientras que la temperatura subía a medida que más gente entraba a la sala. Por querer ser un caballero, pedí una canción a escondidas, para que dentro de media hora la tocasen. Para encantar hay que ser encantador, o aparentarlo.
-          ¿Qué van a pedir? – preguntó la camarera. Su cara me era extrañamente familiar.
-          Yo quiero los espaguetis con atún, pero sin queso y con poco tomate – dijo, refinada ella – y por ahora ya está.
-          A mi ponme un buen chuletón, con bastante pringue.
-          ¿Nada más? – asentí – En unos minutos vuelvo, gracias.
Bueno, era una noche y podría excederme, pero Lara me miraba con unos penetrantes ojos, ni que fuera un delito… Esto decía tanto de su formalidad como de sus modales, incluso de su carácter.

·         Chari
Ay mi madre, que estaban aquí mis dos profesores. Me habían mandado a tomarle el pedido, pero con mis dotes de belleza exótica he conseguido que ninguno me reconociera. Tengo unas ganas de que me den ya la noche libre, aunque sé que tengo que ayudar a mi madre en todo lo que pueda, esto es demasiada presión. Encima, en otra mesa más allá, estaba Raúl con Helena, la nueva. Todo iba en mi contra, hasta que con suerte Iván apareció. Le había llamado para hacerme compañía esta noche, un martes muy ajetreado.
Iván nunca salía de marcha, ni era muy echado para adelante, ni tampoco divertido, pero a pesar de ser un polo opuesto a mí era mi mejor amigo, el único que no me había fallado en estos últimos 5 años.
-          ¿Qué? ¿Hace calor fuera? – me cachondeé, venía empapado.
-          Es lo que tiene no ver el tiempo antes de salir…
-          Anda – le di un uniforme de cocinero -, será mejor que te pongas eso antes de que te resfríes.
Menuda cara larga. Sabía que le iba a poner pegas, encima que le doy ropa… Pero bueno, no me molesta, no a todos le gusta ir disfrazados un ratito.
Se cambió rápido, ya venía seco. Sus pelos chorreaban aún. Poco pronto cogí la fregona y se la tiré a la cara. Otra vez con su cara de odio. Aunque después siempre nos acabábamos riendo, esta ocasión no fue menos. Mientras él limpiaba los pequeños charcos que trajo consigo, repartí los platos a mis queridos profesores. Pero esta vez tuve menos suerte.
-          Oye… - dijo Lara – Tú, tú eres Chari, ¿Verdad?
-          Eh… - me quedé cortadísima, que vergüenza – Sí, soy alumna de tu curso.
-          ¡Claro! – exclamó Guille, el profesor de inglés.
-          ¿Y eso a que viene? – que picada parecía Lara, con el rostro que parecía saltar – Chari puedes seguir trabajando pequeña.
Me fui echando leches, parecía que fuesen a tener bronca. Lara parecía muy formal, y Guille, el Guille que yo conocía, era un crio de 26 años.
Volví a por los platos. Esto ya era una broma, ¿Ahora tenía que llevárselos a Raúl y Helena? Mientras que yo buscaba escusas, Iván acababa de fregar; que manitas el muchacho.
-          Pero, pero – estaba en shock -, pero mamá, no puedo llevárselos.
-          ¿Por qué no?
-          Porque son de mi clase, ¡No puedo! – y finalmente tuve que decírselo.
-          Chari, o coges los platos ó… - ese silencio fue demasiado temible – O subes al escenario.
-          ¿Cómo?
-          Pensándolo bien, quítate esa ropa, ponte la ropa de Cate – señaló el baúl de Cate, la solista del grupo de música de nuestro restaurante -. Hoy vas a sustituirla.
No lo dudé, mejor que me vieran cantando que repartiendo papas fritas. Incluso cantando se darían menos cuenta. Sí, era lo mejor. Iván estaba un poco perplejo. Le dejé sentado en un taburete, me cambié volando, y salté al escenario. David, el pianista, me explicó que aquel señor… Guille, concretamente, había pedido una canción. Joder, menuda cancioncita, este se traía algo con Lara seguro. Ya las luces se apagaban. Desde la primera fila, Iván me miraba sin quitarme ojo. Y pues, los otros, los otros también. Creía que me tambaleaba la voz, pero no, tan solo creía.
Chari – Me muero por besarte (La quinta estación).

·         Lara
-          Oye, la cena de anoche estuvo bien, pero fue solo una cena – dije, bien claro - ¿Estamos?
Guille llevaba todo el día detrás de mía, me preguntaba como estaba, que tal la cena… Todo, lo mismo, veinte veces que lo vi veinte veces que me lo preguntó. Este tipo de cosas eran las que odiaba, alguien que me acosase, con cariño, pero a fin de cuentas es acoso. Y lo peor: no quería nada, absolutamente nada. Era un crío, se le veía en la cara. Anoche pidió una canción para mí, preciosa, pero me fijé más en otra cosa que en el detalle.
-          Buenos días a todos – dije entrando en clase, dejando los libros sobre mi mesa -. Hoy vamos a hablar de un tema interesante. ¿Podéis decirme que actividades extraescolares hay? – callé, un minuto, y no hubo respuesta - ¿Y que os parece organizar un grupo musical? Anoche te escuché Chari, fue apasio... - entonces Chari se levantó, y agarró a Iván del cuello de la camiseta. Lo agarró y salieron de la clase. - ¡Chari!
La había chafado, quizás no quería que nadie supiera nada. Salí tras ella, y tras el pobre Iván, que lo llevaba a rastras.
-          ¡Rosario! – conseguí alcanzarla.
-          Lo primero, no me llames Rosario – dijo, girando la cabeza enfadada y con fuerza -, lo segundo.
-          Chari, relájate por favor – la intentó tranquilizar Iván -. Me estás haciendo daño, Chari.
-          Lo siento – le soltó, un poco perpleja -. Lara, ¿por qué has tenido que decir que me has visto cantando? No te metas en mi vida privada, y menos cuentes lo que sepas de ella.
-          Perdóname Chari… Yo solo quería decirte que pensaba presentar un proyecto para hacer un grupo de música, y que me encantaría que formaras parte de él.
Los ojos de ambos chiquillos se cruzaron, dejando escapar un soplido de sorpresa, una pequeña pausa para asimilarlo.
-          ¿De verdad que crees que canto bien? – me preguntó.
-          ¡Eres increíble Chari! – tuve que mostrar admiración, no podía negarla - ¿Por qué no vienes esta tarde y lo hablamos tranquilamente?
-          ¡Claro, claro…! – se fue con Iván, tarareando alegre, brincando como una niña.

·         Ángel
María no venía desde la presentación. No sabía nada de ella, no había llamado, ni se había conectado al Tuenti, nada. Estaba deseando que sonara la campana, largarme a saber si todo estaba bien. Y cuando tocó salí el primero por las puertas del instituto. Crucé corriendo las calles bajo la lluvia, en su busca. Llegué enseguida a su portal, y exhalé un nervio. Llamé.
-          ¿Sí? – sonó una voz ronca y desentonada.
-          ¿Está María? Soy Ángel, un amigo – me presenté. La puerta se abrió.
-          Sube, está un poco… Bueno, sube.
La mujer me ofreció un café al entrar, pero no pude aceptarlo, primero debía verla. Me llevó hasta su habitación. Mery, María, estaba sentada con la vista perdida hacia la lluvia, que caía tras su ventana. Parecía que estuviera llorando, pero en verdad eran las sombras de las gotas que dormían en el cristal.
-          Mery… - su rostro no expresaba nada, parecía pálido como el de un muerto, y el poco calor que daba era el que ofrecía la manta que la cubría - ¿Qué pasa ahora?
-          La lluvia – dijo -, es la lluvia.
-          ¿Por qué no has venido a clase?
-          ¿Y para qué? – respondió – Soy una completa inútil. Ángel, desde que Wallace se fue de España no he podido recuperarme, y pienso que todo fue culpa mía.
-          ¡María! – me arrepiento ahora, pero le di un guantazo que le cambié el color de toda la cara - ¡Wallace se fue por su culpa! ¡No vas a destrozar tu vida por un chaval!
-          Ángel… - ladeó la cara, pude verla soltar una lágrima de desamor, vacía de esperanza – No puedo quitármelo de la cabeza, pensaba irme con él pero me dejó aquí.
-          No, ¿y qué crees? ¿A dónde piensas ir con quince años? Eres tan solo una niña, aún te queda demasiado que vivir, y Wallace es solo un capítulo más.
-          Pero, es tan complicado… - derramó otra lágrima – Y ya no sé que hacer, todas las tornas han cambiado, nadie me quiere hablar, estoy completamente sola…
-          ¿Sola? – me sentó mal, aunque no se lo reproché – Me tienes, y siempre me tendrás.
-          Pero tu tienes tu vida, tu deporte, tus aficiones… - ay, si supiera que ella era mi vida, mi meta, mi afición - ¿Y yo que tengo? Un mp3 lleno de canciones que ya he escuchado hasta aburrirme.
-          ¿Nunca has probado a grabar una canción tuya? – era buena idea, quizás podía distraerla – Te he oído cantar, y no lo haces mal.
-          Y tú claro, sabes que eso cuesta mucho dinero – dijo, irónicamente, pero parecía más animada.
-          Yo te ayudo a conseguir el dinero, si tú vienes a clase de nuevo.
-          Pues… - parecía que estuviese pensándolo, pero sabía de sobra que ya sabía la respuesta – Sí, acepto señor Ángel salvador.

·         Iván
Ser mejor amigo de Chari era, muchas veces, una tortura. Chari me llevaba con ella allá donde iba, y la verdad, tampoco es que tuviera más amigos con quién ir. Estaba temblando, Lara se estaba retrasando. Como sudando, se llevaba las manos a la cara, roja rojísima.
-          Hey, chicos – entró Lara al despacho -, siento el retraso.
Podía decirse que somos unos críos, pero nos reímos por el doble sentido. Lara nos explicó que le había comentado a Oliva la idea, pero esta se había negado por el presupuesto. Los ojos de Chari se volvieron negros negruzcos negrísimos, era algo tan desolador en ella. Era mi mejor amiga y si tenía esta pequeña ilusión, tenía que hacer lo posible para ayudar a que pudiese realizarla. Además, aunque no lo pareciera, yo también tenía una pequeña esperanza de poder entrar en el grupo.
-          ¿Y si lo pagamos nosotros? – propuse.
-          ¿Vosotros? Un grupo de música es caro… - reflexionó Lara.
-          Ya, pero digo, y si somos nosotros quienes dirigimos el grupo, tocamos los instrumentos y obviamente cantamos, también podemos aportar dinero, no tiene que ser una actividad gratis, ¿No?
-          Pero… - dijo Chari, pero pareció pensarlo un momento – Tienes razón, yo si hace falta compro lo que sea.
-          ¿Pero solo dos vais a ser en el grupo? – preguntó Lara. Ambos guardamos silencio y nos miramos – Creo que deberíais de hacer un casting, buscar gente que sepa algo de música o que quiera aprender, pero del colegio, ¿estamos? – concretó muy seria – Oliva seguro que nos deja usar la sala de ordenadores y el teatro viejo de la parte de atrás. Si vosotros encontráis entre 5 y 6 personas ya me encargo yo del resto, ¿vale? – Chari sonreía, asintiendo como una niña.
Salimos dando saltos de alegría; bueno, yo estaba forzado a hacerlo por sus abrazos coléricos. Por los pasillos oscuros del colegio en la tarde, íbamos pensando como hacer el casting, que podíamos requerir para entrar. Menuda locura llevaba encima mi amiga. El primer destino fue la biblioteca. Ella sacó su portátil y comenzamos a diseñar los carteles de propaganda, los colgaríamos por cada esquina del instituto. Entre los requisitos, incluimos tener ilusión, tener entre 15 y 18 años, cantar una serie de canciones, tener un instrumento o algo que aportar… Chari sacaría malas notas, pero de lista tenía más que yo.
Nos dieron las ocho, y afuera seguía lloviendo. Creí ver caminar por los pasillos una sombra sin rostro, pero solo fueron imaginaciones mías. Antes de irnos, colgamos todos los carteles, repartimos folletos por las clases, en cada mesa.

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