BASADO EN SUEÑOS REALES.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Capítulo 1 - Parte 3


·         Helena
¿Cómo? ¿Un grupo de música? Al llegar a clase me encontré un panfleto en mi pupitre. Coloreado con rotuladores, como si fuera de un niño de 5 años, menuda propaganda. Pero, espera, era aquí en el colegio, era una actividad extraescolar. Esto me acababa de dar una idea. Justo, Lara iba hacia la sala de profesores.
-          ¡Lara, Lara! – la llamé, y repetí varias veces más hasta que se paró.
-          Helena, ¿Qué quieres? – iba con prisas.
-          Han repartido estos folletos, dicen de un grupo de música en el colegio, que es una iniciativa nueva – puse ojitos, infalible aun teniendo 16 años -, y quería preguntar si podía yo hacer un grupo de baile, o danza…
-          ¿De danza? ¿Para aprender a bailar? Lo siento Helena, pero no es tan fácil, el grupo se ha creado con muy poco apoyo y sin ningún tipo de ayuda, para bailar seguro que hay que adaptar una sala y tener equipamiento y buenos profesores, es muy caro.
No dijo nada más, se dio media vuelta y siguió su camino. Me sentó como una puñalada trapera. Se veía que era por lo del otro día, seguro. Yo también, es que era idiota, por intentar impresionar al resto me he ganado la manía de los profesores. Pero, a pesar de estar escondida tras una máscara, a Helena nadie la pisoteaba de esta manera, nadie. Antes, había dejado que me hicieran mucho daño por no saber alzar mi voz, pero Badajoz ya está lejos y nadie sabe de lo que soy capaz de hacer. Y si no podía bailar, ellos no iban a poder cantar.
-          ¡Atención! – grité entrando en clase. Mis pasos parecían de modelo, pija y presumida me hice aparentar. Me subí a la mesa y esperé el silencio, que llegó - ¿Qué os parece una guerra de bolas de papel? ¿Veis estos folletos? Pues… - hice una bola tres que cogí, y se los lancé a los más chulitos - ¡Al ataque!
Adolescentes de entre 15 y 17 años peleándose con papeles, como críos. Suponía que recurrir a lo infantil podía servir. Los folletos iban arrugándose, rompiéndose, encestándose en la papelera. Todo iba bien. A la mierda los que quisieran hacer un grupo de música. Pero… Espera. En más clases debía de haber más.
-          ¡Ey! ¡Esta clase se nos ha quedado pequeña, vamos a otras a por más folletos! – grité, con júbilo.
Y todos me siguieron, como una manada a hacer una pelea campal de bolas de folletos coloridos. De las clases entraban y salían chavales cogiendo y tirando bolas, o buscando papeles para bombardear. Eran críos. Y, tristemente me sentía superior.

·         Axel
-          ¿Qué ha pasado? – la clase estaba llena de papeles arrugados, de sillas caídas, de mesas ladeadas - ¿Ha habido una guerra? – dije, irónicamente.
-          De que venga Chari va a flipar… - respondió Iván, creo que no prestó siquiera atención.
-          Pues mira, ahí la tienes.
Iván se apresuró, le dio un abrazo. No conocía apenas a ambos, pero parecían ser muy amigos. Y esos panfletos… Cogí uno del suelo. Creo que sería el único que lo leería. Aunque tampoco le hice mucho caso, estaba escrito con letras mal echas, coloreado tan mal que daba pena. Lo tiré al suelo de nuevo, entonces Chari volvió a gemir.
-          Chari, tranquila, seguro que alguien quiere apuntarse, el grupo se va a hacer – le tranquilizaba Iván -. Que estos incultos no les interese no significa nada, ¿vale?
-          Pero, pero, pero… - no podía hablar, entre sollozos -.
-          Vamos a hablar con Lara, ya verás como ella nos ayuda como sea.
Ambos se marcharon. Justo hoy quería hablar más con ellos, conocerles, aunque fuera un poco más. Desde que había llegado tan solo ellos se habían acercado a mí. Y no, no me caían bien, ninguno. Pero si podía hacer que ambos confiasen en mí, el tiempo que estuviese en este instituto me sería más fácil. Además, Iván escondía algo, ya lo tenía claro. Se comportaba de manera extraña, siempre lo notaba más tenso cuando me acercaba a él. El resto solían ser más tranquilos. Quizás escondía algo.
-          ¿Qué ha pasado? – preguntó otro chico al entrar en clase. Ángel, su nombre. Venía junto a otra chica, que, además no había venido en los dos últimos días, y su nombre, si mal no recuerdo, era María.
-          Creo que la clase, que ha recibido papeles gratis y los han aprovechado bien – dije, señalando al suelo.
-          Pues yo no me quedo sin saber que es esto – se agachó y cogió uno. Estuvo leyéndolo, y poco a poco los ojos se le habrían más.
-          ¿Y bien?
-          Van a, van a, ¡hacer un grupo de música, aquí en el colegio! – “oh, ya ves tu que alegría” pensé – Mery, mira – le dijo.
-          Pues que alegría – cuando lo dijo, estaba sentándome. Dejé escapar una risa.
-          Esta tarde vamos al casting, quieras o no.
-          Bueno, ya hablaremos – le respondió ella.
Así que por eso Chari estaba así, debía de ser ella la que lo organizó. Y Lara dijo ayer algo de que la escuchó cantar. ¿Era cantante? Eso si que me interesaba. María lo mismo. Ángel se ha interesado por que fueran al casting, y sin cantar bien no se lo habría dicho. El psicoanálisis era mi punto fuerte; tal y como yo decía, nada se escapaba a mis ojos.

·         Lara
Iván trajo a Chari desolada, llorando. Ya Oliva me había echado la bronca por la revolución que había montado mi curso, yendo clase por clase buscando los folletos para tirarlos a otros. Por dios, que infantiles. Después ya hablé con ellos, les eché la bronca a todos, especialmente a Helena por ser la “cabecilla”. A la salida, Guille volvió a esperarme. Me recordaba a ellos, tan simple, tan inocente por la vida. No, esa clase de hombres no me gustaba, y bueno, la verdad es que tampoco me gustasen muchas clases.
Llegó la tarde. La lluvia volvió con ella. Dentro, en el escenario ya estaba Iván preparado para cantar.
-          Ya me conocéis, pero bueno, quiero enseñaros lo que puedo hacer. Hoy he podido coger este micrófono y el equipo de mezclas y los altavoces, esto se me da bien, toma nota Lara – me guiñó un ojo, que mono.
Sí, tome nota. Saber de programas musicales y mezclas es un buen punto a favor… Aunque viendo la gente que había venido, es decir, nadie, daría igual. Iván se movió por el escenario, dio al play al karaoke, y empezó a cantar.
Iván – Gracias (Despistados).
Por último, dio gracias a Chari, por siempre estar ahí. Subió al escenario y le abrazó, le susurró algo al oído, y se abrazaron más fuerte. A eso le llamo yo una amistad sana.
-          ¿Es aquí el casting? – dijo un chico tras mí. Era de mi clase, e iba con una chica mucho más bajita.
-          Sí, ¿venís a presentaros?
-          ¿Podemos cantar juntos? – preguntó la chica – Creo que sería mejor.
-          Claro, si queréis – parecían un poco asustados -. ¿Sabéis tocar algún instrumento?
-          Ella toca el bajo y la guitarra eléctrica – señaló a un rincón, habían dejado varias cosas – y yo he alquilado una batería, supongo que es fácil de tocar, ¿no? – que chico tan simpático, y gracioso.
-          Bueno, pues al escenario.
Chari estuvo hablando un rato con ellos. Mientras Iván y Ángel montaban las cosas. Cuando terminaron, Iván y Chari bajaron, y se sentaron a mi lado.
-          Vienen ilusionados – dijo Iván.
-          Lo hagan bien o mal los vamos a coger – reflexionó Chari -, se ve que a nadie le ha llamado la atención.
-          Bueno, silencio, que ya empiezan – les mandé a callar.
Mery y Ángel– Como un lobo (Miguel Bose).
Cuando ambos acabaron, tanto Chari, como Iván, como yo, dejamos la boca abierta, y aplaudimos lentamente.

·         Raúl
Helena me estaba siguiendo el juego. Cada día venía con una falda más corta, provocando más. Y no solo me provocaba a mí, si no a cualquiera que pasara por delante. Estos dos últimos días tras la cena ha pasado de mí como si no hubiera pasado nada entre nosotros, y ambos sabemos que aquella noche pasó más de un par de besos. Según me han dicho, el domingo iban a dar una fiesta, y a la primera que habían invitado era a ella, iba a ser una fiesta de “presentación” en su nombre. Tenía que impresionarla, y se me había ocurrido la mejor forma: un regalo especial.
-          Dani, ¿Qué tal tienes la coca? – le dije bajito a mi amigo, el Camello.
-          Barata ahora, muchos compran a primero de curso, resaca veraniega, depresión…
-          Bueno, déjate de rollos, ¿tienes aquí?
-          Tengo 100g, si tienes el dinero te lo doy ahora – saqué mi monedero, le di la pasta y me guardé el saquito.
-          Tu y yo no nos hemos visto – le dije, mirándole a los ojos.
Las tías como ellas se volvían loca con un poco diversión, y más en una fiesta como la que le estaban montando. Pero no me pensaba quedar atrás, en esa fiesta pensaba quedar como un rey para ella. Guardé el saco en la taquilla, y fui para clase. Iba saludando a todos, como si ya fuera su príncipe, me sentía potente. Hasta que Lara me cogió por el hombro y me paró en seco.
-          ¿Tú te crees que soy ciega no?
-          ¿Eh? – no podía haberme visto - ¿De qué hablas?
-          ¿Quieres que vaya a registrar tu taquilla?
-          ¡Está bien! – no podía ser, menuda pillada – Pero es de un amigo, solo se la estaba guardando.
-          Mmm – parecía que no se lo creyese -, vamos a hacer una cosa. Me das la droga, yo lo paso por alto, y tu vienes esta tarde al casting para el grupo de música - ¡¿qué?! Pensé que estaba de coña - ¿Estamos?
-          Sí, sí – cogí el gramo y se lo di, pero el castigo me parecía muy extraño -. ¿Y ya está?
-          Ya está. Luego te veo a las 5, si no vienes prepárate para dejar el colegio.
No podía dejar que me expulsaran, ahora que estaba tan cerca de Helena. Justo entonces entraba por la puerta a la clase, con su pelo suelto y su cada vez más corta falda. Dejó sus cosas en la mesa, y vino hacia mí, sonriendo y tan sexy, moviendo sus curvas.
-          Hoy es viernes, ¿quieres que quedemos? – se apoyó en la mesa, dejando al descubierto su escote, en frente de mi cara. Y me costó mirarla a los ojos.
-          ¿Hoy? Estoy castigado, tengo que venir por la tarde al dichoso casting.
-          ¿Al casting? ¿Del grupo de música?
-          Sí… Ese – parecía interesada -, ¿por?
-          Creo que voy a ir contigo, quiero apuntarme.
-          ¿Ah, sí? – entonces, como no, el castigo se convirtió en oportunidad.
-          Esta tarde aquí a las 5, que es cuando es el casting.
El profesor entró en clase y el aroma de ella se alejó unos metros, al igual que su voz, que su escote.

·         Guille
Esto estaba lejos de una cita, pero al menos podía pasar una tarde con Lara. Hoy era el último día del casting y según me había contado solo 4 se habían presentado, y los 4 los había cogido, no tenía otra opción. También me contó que había pillado a un alumno con cocaína y que como castigo le había obligado a presentarse. Claramente pensaba cogerlo, así según me dijo tenía los 5 que necesitaba para empezar.
Me vestí con corbata, tejanos y chaqueta, y sí, pensaba invitarla a cenar después. Aunque cuando llegué solo estaba ella, al rato llegaron dos chicos, si mal no recordaba, Chari, la chica del restaurante y el chico con quién siempre está. Parecía una pareja simpática, ¿serían novios? Iván siendo tan enclenque estar con una chica tan… exuberante; era algo digno de admirar.
Lara estaba de los nervios, no llegaba nadie y los otros dos igual, tirándose de los pelos. El escenario ya estaba preparado, pero su soledad daba incluso pena. Al final, tras esperar media hora dos chavales entraron cogidos de la mano, mojados hasta las trancas.
-          Perdona Lara, se ha puesto a llover, se nos ha volado el paraguas… - dijo el chico, Raúl.
-          ¿Helena? – contestó Lara.
-          Creo que me haría ilusión entrar al grupo, ¿Raúl y yo podemos cantar juntos no?
-          Sí, claro – respondió -. ¿Sabéis tocar algún instrumento o algo?
-          Helena, yo desde pequeño toco la guitarra eléctrica – dijo Raúl, como si estuviera respondiéndola – y Helena me ha dicho que sabe bailar bien – respondió, esta vez mirando a Lara.
-          Vamos a cantar una canción en spaninglish, si no os importa – añadió Helena, bastante borde -. Pon la música, Raúl.
 Helena y Raúl – Looking for paradise (Alejandro Sanz).

Nos dejaron sin palabras. A fin de cuenta, malos, no, no eran malos para nada.
-          Perfecto – dijo Lara. Se levantó del asiento – Ya tenemos a los 6 miembros del grupo.

·         Oliva
-          ¿Cómo? ¿Un asesino? ¿En el instituto?
-          Es de alto secreto Oliva, no puede enterarse nadie, ni ningún alumno, ni ningún profesor, ni siquiera el dueño – estaba asustada, me temblaban las manos con la noticia –. Si alguien se entera, todos corremos peligro, todos.
Supe desde ese instante, que no volvería a venir tranquila al instituto. Y tampoco podría volver a mirar a nadie bien a la cara, ni a ningún profesor, ni a ningún alumno.

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