Capítulo
1 – Lluvia.
·
Mery.
Nunca
me es fácil comenzar a narrar esta historia. Desde el principio, tenía sueños e
ilusiones, y todos ellos me llevaban a subirme al escenario. Mi voz era sin
duda el mayor regalo que dios me pudo hacer, y en ocasiones pienso que el
único. Pero cada noche, una parte de mi pensaba en el fracaso, en la continua
desesperación por no haberme movido ni un paso en estos 15 años, sabiendo que
si ahora no comenzaba jamás podría lograr mis objetivos.
Hoy
empezaba mi nuevo curso, 1º de bachillerato. No podía presumir de instituto.
Era ciertamente viejo y un poco ruinoso, y peor eran sus alumnos. En cada
esquina podías oír un murmullo que te hacia más desgraciado e infeliz. Pero
justo en esos momentos es cuando una voz en mi interior me dice que siga, que
nada me podía derrumbar… Era su voz, una voz que echaba de menos, pero aun así
le oía. Era Septiembre, pero mis lágrimas parecían atraer la lluvia.
Mery - La Lluvia. (María Villalón) /2min./
NOTA: Cuando pongo el nombre de un personaje junto a la canción (y su artista) significa que comienza a cantarla, pues a pesar de ser una historia está pensada para un guión audiovisual.
Y ahí
estaba Ángel, con su típica sonrisa burlona y su cara de malote sin escrúpulos.
Pero quizás fuera el único amigo que me quedaba. Después de haber hecho todo lo
que hice, es normal que nadie quisiera acercarse a diez metros mía. Ángel en
cambio nunca había dejado de hablarme, fue la única persona que estuvo a mi
lado en los malos momentos, la única que no escuchó las malas lenguas.
- ¿Ya estás pensando otra vez en él? – se acercó y me preguntó.
-
No he dejado de pensar en él ni un solo segundo de todo este verano.
-
Pero ya pasó todo… - suspiró – Debes de olvidarlo, ya es pasado.
-
¿Pasado? – le grité – Si aún todos me miran con cara de asco, como si
fuera una rata de alcantarilla.
-
María, es normal. Una no va todos los días…
-
Calla, no sigas. Prefiero no recordarlo.
-
Además, que sabes que solo la verdad la sabes tú, el resto son simple
rumores.
-
Pero aun así todo me trae recuerdos…
-
Anda, cógeme del brazo y entra conmigo, que nos deben estar esperando
en clase.
·
Chari
Que
alegría me daba verles a todos de nuevos. Ana, Belén, Rocío, todas ellas y los
chicos de mi clase, Juan, Ángel, Carlos… Bueno, quizás ver a María no me hacía
tanta gracia, pero no iba a dejar de respetarla por unos rumores. 1º de
bachillerato, que fuerte era por favor. Parecía que no iba a llegar aquí nunca,
y aquí estaba. Ciertamente tenía miedo, era todo mucho más complicado, iba a
poder salir menos, y claro, las responsabilidades subían como la espuma. Pero
bueno, como cada año iba a pasármelo bien. Vaya, había muchas caras conocidas
pero otras tantas eran completamente nuevas para mí.
Especialmente
me llamó la atención un chico que se sentaba en primera fila… No había hablado
con nadie desde que había entrado, ni se había molestado en presentarse. Era
agradable hablar con mis amigas, pero aquel chico me revolvía las tripas, tenía
que acercarme a saludarle.
-
Hola buenas – le di dos besos, un poco descarada sí -. Yo soy Chari,
encantada, ¿Cómo te llamas?
-
Soy Axel – dijo, frío, ni siquiera se molestó en mirarme.
-
Ah bien, y de donde eres chico misterio.
-
Vengo de fuera…
-
Está bien… - menudo chico, que pocas ganas -.
Las
chicas se estaban riendo, la verdad es que yo también estaba por dejar escapar
una sonrisa. Que pelo más raro, llevaba dos rastas, teñidas de rojo a cada
lado, debajo de las orejas, y en ellas unos… ¿anillos? No lo sé, pero era tan
intrigante. Habría seguido preguntándole, pero nuestra nueva tutora entró a
presentarse. A saber que nos había tocado este año.
·
Lara
-
Para empezar, mi nombre es Lara y voy a ser vuestra tutora este año –
empecé a decirles.
Era una
suerte, hace un mes me llamaron informándome de la jubilación del profesor de
música del instituto y me contrataron de chiripa. Llevaba un mes echa un flan,
al fin había acabado la carrera y me habían dado el trabajo de mi vida, todo en
este año, era genial. Pero ahora estaba sola ante ellos y no sabía ni por donde
empezar.
-
Bueno, quiero deciros que soy también la nueva profesora de Música,
así que os trataré más a los que hayáis escogido artes. Y bueno nada, que en
esta hora me gustaría que hablaseis un poco de vosotros, quiero iros
conociendo.
Así,
todos se presentaron uno a uno, algunos más que otros, otros solo quisieron
decir sus nombres y tres cosas que les saque a regañadientes, y otros
simplemente no dejaban de hablar. Eran buenos chicos, aunque supongo que tenían
sus historias y demás, tampoco me gustaba meterme en la vida privada de nadie.
Ya
acabó la presentación, los chicos salieron poco a poco. Cuando todos se fueron,
me pregunté que hacía allí, si era mi lugar en realidad, pero la idea del “no”
no llegaba a mi mente. Recogí las fichas y los libros, pensaba largarme a casa
pero alguien me agarró por la espalda. Me giré, sobresaltada.
-
¿Quién eres? – dije asustada.
-
¡Ja, ja, ja! Estas como un flan, pequeña – dijo.
-
¿Eres un profesor?...
-
Me llamo Guillermo, soy el profesor de inglés de tu curso, encantado.
Sus
ojos azules eran tan cristalinos como el mar, y su pelo, marrón y claro, corto,
rizado, parecían ramas de árboles giradas en si mismas. Su cara delgada y
morena y su sonrisa picaresca decía mucho de él.
-
Yo soy Lara – le di dos besos -. Ahora tengo que irme.
-
¡Espera! – corrió hasta ponerse delante de mía, me choqué – Deja que
te invite a un café.
-
¿Café? Pero si es mediodía.
-
Entonces a comer.
-
Lo siento, tengo prisa – me coloqué bien el bolso y salí del instituto
dejándolo atrás.
-
Bueno, entonces ya mañana… - pero su voz se desvaneció.
Tenía
un poco de pánico, una invitación de un chico para comer, y nada más conocerle…
No estaba acostumbrada a salir con chicos, y mucho menos así. ¿Qué habría visto
en mí?
·
Iván
Como
no, el primer día de clase y me quedé dormido. Tenía unas ganas tremendas de
verles a todos de nuevo, pero ya eran las 3 de la tarde… Esto me pasaba por
dormirme a las 4 de la madrugada. Así que hoy ya los vería a todos. Tampoco he
estado lejos de ellos todo el verano, pero a Rosario apenas la he visto y
sinceramente, la echaba de menos con toda el alma. Cuando sonó el despertador
por primera vez en todo el verano, salté de la cama y brinqué hasta el baño.
Agua, jabón, espuma y ropa, y sin falta, una canción para animar la mañana.
Mis
padres ya hacía rato que se habían largado, como cada amanecer. Y la música
para mi era una vitamina que renovaba mis ganas de seguir. Es difícil que la
gente te acepte cuando tienes gustos extraños, o cuando simplemente eres
diferente del resto.
Las
calles en las que vivo son viejas, siempre están sucias y duele respirar en
ocasiones. Mi madre no tiene demasiado dinero, cuando vivo con ella ir al colegio
es todo un suplicio, pero mi padre tiene una vida muy acomodada, y pasar con él
la mitad del año es todo un lujo.
Y que
puedo decir de mi instituto, es normal, tiene lo necesario, profesores buenos,
compañeros soportables… No se está mal, siempre he pensado que hay gente que
vive peor.
Ahora
tenía que esperar a que abran… Unos días llego casi antes de que cierren y hoy
ni siquiera han abierto. Sí, estoy seguro que es por la curiosidad que me trae
saber quienes tengo en clase. Cada año esperaba que llegase alguien con quién
pudiera compartir parte de mi, algo más que risas o simples secretos, algo más
que la amistad, pero esa persona nunca llegaba. Tan solo Chari estaba a mi lado
desde críos.
-
¡Iván! – gritó Chari al verme. Salió corriendo, justo abrieron las
puertas del instituto.
-
Al fin… - dije para mis adentros. Chari me embistió con un abrazo, que
tornado por favor.
-
¿Ya podías dignarte a llamar algún día del verano no crees? Y encima
no vienes a la presentación, tú también… - me reprochaba, pero son su sonrisa
imborrable.
-
Lo siento, he estado en Ibiza y en Grecia…
-
Pues avisa muchacho – me decía sonriente.
-
¿Entramos? – propuse, abrazo a ella.
-
Claro, además te tengo que presentar a los nuevos.
Los
pasillos empezaban a llenarse de ruidos de jóvenes, de gritos eufóricos, de
recuerdos, como siempre. La clase estaba limpia, renovada como cada año, con
ganas de ser estrenada. Chari entró como siempre, tarareando una cancioncilla
suave. La pizarra mostraba un verde perfecto, limpio de tiza. Poco a poco todos
fueron entrando, todos saludando a Chari; a mí apenas siquiera me miraban.
Caras conocidas, nadie nuevo.
-
¿Y bien? ¿Quién ha venido nuevo, Chari?
-
Hay dos chicos nuevos, con la muchacha no he hablado, sé que se llama
Helena – se quedó callada unos segundos –. El otro viene por ahí.
·
Axel
Ya me
estaban mirando como si fuera un bicho raro otra vez. ¿Y quién era ese? Ayer no
vino. A su lado está Chari, y no parece muy social, sobre todo por sus pintas.
Debe de ser un friki. ¿Y si me acercaba a hablar? No quería que tuviesen una
idea equivocada de mí. No venía al instituto a tener amigos, ni siquiera a
conocer a mis compañeros, no me interesaba en absoluto. Pero veía en ese chico
algo distinto, que me recordaba a mí. No mucha gente me llama la atención, prácticamente
nadie. Creo que iba a ser hora de presentarme. Me acerqué a ellos. Ambos
estaban perplejos.
-
Soy Axel, ¿tú eres? – le tendí la mano.
-
Yo – tartamudeó, pobre -, soy Iván.
-
Hola Axel, soy Chari, ¿te acuerdas?
-
Sí, encantado de conoceros a ambos.
Me di media
vuelta; justo en ese momento de tartamudeo me dejó de impresionar. Era extraño
que me hubiera llamado la atención, algo tenía que ocultaba. Mis ojos no me
engañan. Y por desgracia, los secretos me sacaban de quicio, demasiado. Era mi
extraña obsesión. Pero a veces para conocer las verdades toca no mover ficha,
si no que la muevan por ti. Al acabar la primera clase se levantó despacio. Se
acercó tímidamente, ahí comprendí que lo había calado. Iván se sentó a mi lado.
-
¿Qué tal llevas lo de ser nuevo? Has hablado ya con alguien o aún son
todos muy extraños – preguntó Iván, sonrojado.
-
No he tenido oportunidad.
-
¿Te gustaría venirte con Chari y conmigo en el descanso? – preguntó un
poco indeciso, cosa que odiaba en la gente.
-
Me parece bien – dije, mintiendo con todo el descaro del mundo.
Abrió
la boca, pero la cerró. No encontraba palabras supongo. Igual que vino se fue.
Ya habían movido ficha, el siguiente turno era el mío.
·
Helena
¿Qué
demonios? Anda que no me había tocado una clase menos interesante, había desde
un friki hasta una marginada. Bueno, pero yo ya me había echo un hueco en
quienes importaban, los más respetados. Lo que me hacía falta estar con mis
antiguos compañeros… Pero ya Badajoz estaba lejos, y no, jamás perdonaré a mis
padres que me sacasen de mi tierra. Aunque pudiese empezar de nuevo, dejé mucho
atrás, mi academia, mis mejores amigas y hasta a mi novio.
Lara
acababa de entrar en clase. Elegí artes por lo poco de música que dan, tan solo
por el recuerdo de mis días bailando. Aún tenía que encontrar una academia.
Pero en medio de mis pensamientos, Lara se interpuso. No, no había prestado
atención, y no, no tenía ni idea de que demonios estábamos hablando.
-
Helena, lee.
-
En… - Dios, no podía perder tan pronto la dignidad, tenía que
conservar la poca popularidad que tenía – Pues no.
-
¿Cómo que no?
-
Que no voy a leer.
-
¿A qué se debe? – los demás me miraban con cierto asombro, quizás
admiración.
-
No me da la gana.
-
¿Helena? – se levantó – Mira, vete a dirección y cuando se te bajen
los humos vuelves.
Todo
seguido, me levanté y tiré la silla. Salí furiosa de la clase, aunque claro,
todo era una simple máscara. Ahora me arrepentía. Pero mis padres iban a darme
un castigo lo suficiente fuerte como para no ir a baile siquiera… Me lo venía
venir, como si no lo supiera.
Entre
en dirección, medio llorando. Una mujer de pelos canosos y largos, claros como
la cal, se sentaba mirando hacia atrás, en una silla de bajo respaldo. Según me
habían dicho, se llamaba Oliva. Espero no fastidiarla…
-
¿Oliva? – pregunté, atemorizada. No obtuve respuesta - ¿Eres Oliva? –
volví a preguntar.
Cuando
quise darme cuenta, dejó caer la cabeza a un lado y la volvió a subir, seguido,
un ronquido. ¡Estaba dormida! Esto era buenísimo. Se me ocurrió una idea,
brillante, y peligrosa, sí. Saqué el móvil, puse la cámara y…
·
Oliva
-
¡DESPIERTA! – gritó alguien detrás de mí; menudo chillo.
Y que
si desperté. Estos sustos no se podían dar ya a una mujer tan mayor como yo, me
podía dar algo. Pero como no, una joven que parecía inquieta era la causante de
mi malestar. Ay… Me había dormido, acababa de darme cuenta. La chica me había
visto, que corte por favor.
-
Siento mucho mi pequeño lapsus… Esto que quede entre nosotras, ¿Vale?
– intenté disculparme - ¿Cómo te llamas joven? – dije, educadamente, aunque con
intención de hacerle la pelota.
-
Soy Helena, Lara me ha mandado castigada.
-
¿Y eso? ¿Tengo que expulsarte?
-
Yo creo que no deberías, tan solo me he negado a leer, le he faltado
el respeto a mi tutora, he gritado y he tirado una mesa.
-
Pero… - ¿cómo lo decía tan tranquila? – Eso es una falta grave,
debería expulsarte aunque sea un día a tu casa.
-
¿Segura? – sacó algo de su bolsillo – Mira esto.
Me
tenía bien pillada. Había grabado 5 minutos enteros como dormía y roncaba
mientras ella esperaba sentada a que me despertara, haciendo ruidos diversos, e
incluso riéndose de mí. Se acercaban las elecciones a nueva dirección y podía
ser el peor elemento en mi contra, además de lo vergonzoso que podía ser.
-
¿Qué piensas hacer con eso? – pregunté bastante alarmada.
-
Por ahora, nada, si tú tampoco haces nada, ya entiendes.
Menuda
niñata. Ya sabía quién era. Una de las chicas nuevas de este año, se llamaba
Helena. Vaya joya había aceptado en el colegio. Tenía buenas referencias, no
entiendo qué pasaba. Lo mejor era dejarlo estar, aunque recurrir al chantaje de
una adolescente podría incluso traerme mayores problemas.
-
Piensa en lo que has hecho – me levanté y le abrí la puerta,
cortésmente.
La
acompañé hasta clase. Lara parecía adaptarse bien a sus nuevos alumnos, se les
veía bastante atentos todos. Axel, el otro alumno nuevo también estaba
tranquilo y atento. Sus tíos no decían grandes cosas de él, pero su historia me
llegó bastante al alma, no podía rechazar que estuviera en este colegio. El
sufrimiento marca la vida de todos, pero este chico parecía llevarlo con unos
ojos distintos.
-
Lara, puedes salir un momento – agarré a Helena y la metí dentro de
clase -. Helena ya está más tranquila, perdona su mal comportamiento, hoy ha
tenido un mal día – Lara la miró con cara agresiva, amenazante, pero en verdad
escondía nervios.
-
Ahora vengo, leed las páginas siguientes, y Helena ya hablaremos –
salió conmigo de clase y cerró la puerta tras ella -.
-
Ya he solucionado el tema, no volverá a pasar.
Lara me
miro con cara de pocos amigos. Su currículo era impresionante, pero apenas
tenía experiencia, y menos con jóvenes revolucionados. Me recuerda a mí de joven, quizás por eso la
contraté, por la sincera chispa de ilusión que desprende.
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